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Promotoras, comités y protocolos: la militancia sanitaria

Pablo Ariel Velázquez relata cómo promotoras de salud, así como militantes y referentes sociales ponen el cuerpo en las villas y están ahí donde falta el Estado. Varios testigos hablan de los contagios, de la falta de agua y de la lucha para cubrir ausencias del Gobierno de la Ciudad.

La pandemia causada por el coronavirus arranca su curva ascendente pronunciada y los casos se multiplican más que antes. A su vez, el operativo de detección temprana permite tener información más ajustada a la cantidad de casos existentes. Tal mecanismo ha revelado, en efecto, que ya hay 4.000 casos de COVID-19 en las villas.
Mientras tanto, el Gobierno de la Ciudad sigue «bajando» al barrio, creando la coordinación que puede o quiere, con cierto desconocimiento o desaprensión sobre las poblaciones villeras, al tiempo que no deja de reconocer pública y discursivamente la entrega de quienes están en primera fila y ponen el cuerpo.
Se trata de las promotoras de salud, de les militantes y referentes sociales, deportivas, educativas, así como de merenderos y de comedores que están donde falta el Estado. También de los médicos y enfermeros de los Centros de Salud Comunitarios.
En villa 20, hasta el momento hay reportados 67 casos. Rubén Martínez es uno de ellos y da su testimonio desde el Hospital Santojani, ya que por su condición de diabético necesita mayor monitoreo.
Hoy referente del frente Villero Peronista, Rubén arrancó junto un grupo de jóvenes allá por lo años 90, con el apoyo escolar gratuito. “Sin saberlo fuimos el primer grupo que había hecho algo así”, dijo. Así nació la Agrupación Juvenil Villa 20. “En ese entonces la villa estaba dividida en varios terrenos, y hasta la policía reclamaba su tajada”.
Desde entonces el reclamo más profundo era agua y luz. “La de veces que tuvimos que tirar heladera, tele o cualquier artefacto electrónico por las subidas de tensión. Con el agua en verano era imposible, nunca supimos lo que era que el agua desborde, y en invierno los cables explotaban”.
Militantes actives por la vivienda digna, Rubén junto a otros referentes vecinales y organizaciones sociales, conformaron en noviembre del año pasado el frente “Unidad Vecinal villa 20”, con mucha data sobre el proceso de urbanización de la villa.
De esa manera, armaron su primer pedido de informe al Instituto de Vivienda de la Ciudad a cargo de Juan Maquieyra (IVC), sobre la infraestructura del barrio.
Pero arrancó la pandemia. La misma noche que se decretó la cuarentena, una compañera les dijo que necesitaban tener un protocolo propio antes de que llegaran los contagios al barrio. Esa compañera es Lorena, referente de la casa del estudiante universitario. Ella es trabajadora social, profesora y estudiante de abogacía, vecina de villa 20 y miembro de Unidad Vecinal.
Lorena contó que venían pidiendo que se declare la emergencia sociosanitaria por el dengue, solicitando refuerzo de programas sociales y dispositivos de ayuda que tiene Ciudad. Lamentablemente, no fueron escuchados en su momento. Además, señaló que las obras de infraestructura del barrio no se realizaron, se hicieron pocas o se hicieron mal. Los vecinos no tienen garantizada el agua.
Hace siete semanas consiguieron que el IVC brindara cajas alimentarias, cuya entrega vienen realizando con muchas horas de trabajo y de reuniones. Una logística inmensa para una población de aproximadamente 34.000 vecines, “contener y ayudar nos pone cara a cara con los vecinos, más allá del barbijo», expresó.
A pesar de los kits que envió el gobierno con algunos barbijos y alcohol en gel, no hubo mayores refuerzos por la labor que realizan. Tampoco reciben un ingreso por la enorme labor que realizan totalmente expuestos.
Mientras espera el resultado de su test (el cual dio negativo), con enojo, Lorena señaló que: El Estado sigue utilizando a los referentes como carne de cañón. Una política de salud no puede estar sustentada en el mero voluntarismo. Hay vecinos que hace mucho tiempo no tienen trabajo. Era lógico, era previsible que nos pudiéramos contagiar”.
Contó que, hace una semana atrás, desde el GCBA les pidieron colaboración y que los iban a escuchar.
Ellos presentaron su propio protocolo, con un mapeo elaborado en base a una encuesta cerrada que circula por WhatsApp entre los vecinos, para detectar casos de manera temprana de los grupos de riesgo que habitan Villa 20. Pero, remarcó Lorena: “No nos escucharon”.
Seis vecinos del Frente Unidad Vecinal Villa 20 tuvieron que hisoparse. Tres dieron positivo de Covid-19.
Una de ellas, es Graciela González Jara, quien brindó su testimonio aislada en un hotel de los que dispuso el GCBA.
Graciela es militante de Proyecto Comunidad y lleva adelante el merendero. Contó que, al comienzo de la cuarentena, el camión cisterna que les reparte agua estuvo sin asistir a los vecinos, ya que la empresa no garantizaba a sus trabajadores las normas de higiene requeridas por la pandemia ni repelentes para la epidemia de dengue.
Tiene asma, lo que no le impidió salir a trabajar para abrir el Merendero, atendiendo a los padres y madres de familia temerosos, que se quedaron sin trabajo. Ella y sus compañeres saben más que nadie, que si no lo hacen ellos no lo hace nadie.
“Nuestra realidad es similar a la de otras villas en este momento; y sí, somos Villas, no Barrios como intentan instalar”, dijo.
Con compañeros de otras 15 organizaciones sostuvieron 14 ollas populares, repartiendo mercadería a la mitad de la población de la Villa 20. Esa mercadería no era una ayuda del Estado. Era parte de una colecta.
“Lo hacemos por convicción, por amor a nuestros vecinos. Estuvimos hablando entre nosotros y ninguno haría algo distinto; la verdad que militar con compañeros hace todo más simple”, manifestó Rubén, otro referente de la lucha por la vivienda.
Por su parte, en diálogo con este medio, Gabriel Battistella, Subsecretario de Atención Primaria, Ambulatoria y Comunitaria del Ministerio de Salud de CABA, dijo que el Estado acompañaría la labor de les militantes con una cobertura parecida a las de las Promotoras de la salud. Se trata de trabajadoras del barrio que conectan a los centros de salud con las problemáticas de los vecinos. Cobran un ingreso de $14.700, y su contrato vence a fin de año. Generalmente viven en la comunidad donde trabajan.
Bania vive en la Villa 31, donde ya se contabilizan 1489 casos positivos de COVID-19, incluyendo al padre Willi de la Parroquia Cristo Obrero y otros referentes de larga trayectoria en ayudar al barrio, como  Ramona Medina, Víctor Giracoy y Agustín Navarro que fallecieron. 
Ella es parte del Comité de Crisis que se formó entre vecines, referentes, iglesia, centros sociales y deportivos y organizaciones sociales y políticas. Además, es Promotora de Salud. Como tal, cuenta que en su trabajo llegan al vecino antes de que se enferme. Hacen promoción y prevención de la Salud. Además, articulan con diferentes
organismos dependiendo de la necesidad del vecino. Cobran un subsidio de sólo $14.000 sin obra social ni ART.
En la pandemia, ellas están al frente buscando el caso sospechoso o contacto estrecho, haciendo que el vecino tenga garantizada la atención, y así también los alimentos y elementos de higiene, lo cual está siendo muy difícil porque no tienen el acompañamiento de la Secretaría de integración Social y Urbana, a cargo de Diego Fernández.
Bania relató que buscan armar una mesa de seguimiento de casos con la Secretaría, para que se brinde seguridad a las casas de quienes, esperando el resultado del test, o siendo positivos, deban abandonarlas por lo menos 15 días. Solicitan también asistencia de fuerzas de seguridad en control de circulación en la calle. Pero aclaró: “Sin que abusen de su autoridad”.
También remarcó que la emergencia hace ver todos aquellos errores y las cosas que jamás se hicieron. “El barrio urbanizado de las fotos, no existe. Vas a encontrar una fachada hermosa en la parte de adelante. Dos cuadras adentro, el barrio no cambio prácticamente nada. Mantiene las deficiencias desde hace tiempo. Ahora hay agua. Pero hay zonas dentro del barrio que históricamente no tienen agua. No es tampoco lo que se está resolviendo”.
Asimismo, aseveró que en la urbanización se cometieron errores. Pusieron caños que no corresponden dentro del barrio, caños de tercera mano, que terminan de romperse cuando viene el agua fuerte.
“Hasta el momento no vemos nada más que palabras. Tenemos colaboración de Nación, pero no se hace cargo el GCBA”.
Bania expresó  el deseo de que se vuelva a tratar un proyecto de ley que reconozca y mejore las condiciones laborales en las que se desenvuelven las Promotoras de Salud.
Al lado de la cuenca de agua más grande del país se encuentra la Villa 21-24 y Zavaleta
Allí la Red de Mujeres y Disidencias Organizadas y Vecines autoconvocades conformaron también un Comité de crisis en la Villa 21-24 y Zavaleta.
Este lunes denunciaron que no tienen agua potable, ya que la que circula está contaminada. Además, pidieron que se reconozca el trabajo que vienen sosteniendo en el territorio, con salario y acceso a las leyes laborales.
También solicitaron  una instancia de diálogo y acción con la junta vecinal y las organizaciones sociales, para resolver los problemas.
“No podemos seguir sustituyendo el trabajo estatal y de les funcionaries que eligió el resto de la ciudad. Necesitamos un estado presente. (Horacio Rodríguez) Larreta se lava las manos. Nosotres, sin agua, no podemos». 
Así reza la consigna leída a metros de la parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé de la Villa 21-24, donde las familias buscan su alimento diariamente.
Hasta allí se acercaba Ramona Collante con su familia a buscar algo para comer. El viernes pasado la familia de Ramona llamó una ambulancia. Según dijo a este medio, el titular del SAME Alberto Crescenti, la señora se hallaba con un cuadro de diabetes crónica compensada, un cuadro de hipertensión arterial de larga data medicada, sin dificultad respiratoria y sin fiebre, con dolor importante por artritis reumatoidea de larga evolución.
El criterio fue no trasladarla a un hospital prefiriendo aislarla en su casa.
Según el último boletín epidemiológico que emite el ministerio de salud de CABA, de 7121 casos de COVID-19 en residentes de CABA, fallecieron 166 personas.
Las comorbilidades de mayor frecuencia en los casos fallecidos fueron hipertensión arterial, diabetes y obesidad.
A su vez, este articulo semanal evidencia la desprotección respecto al dengue: Villa 20 tiene 402 casos; Villa 1-11-14, 375; Villa 21-24, 361; Villa 31, 233; Barrio Rivadavia, 159; y los barrios populares de Villa Soldati (Fátima, Piletones, Carrillo) en conjunto, 82 casos.
En términos de barrios, los más afectados en relación con su población son: Flores, seguido por Barracas, Vélez Sarsfield, Villa Soldati, Villa Lugano y Parque Avellaneda.
Otro dato que emana y no tiene prensa es que en el 2019 se reportaron 25 casos de sarampión, mientras que este año fueron 224. El sarampión sigue siendo en los países en desarrollo una causa de mortalidad y morbilidad de primera magnitud, sobre todo en menores de 5 años.
Volviendo a los casos de coronavirus en las villas porteñas, cabe remarcar que se considera contacto estrecho de casos positivos a toda persona que concurra a centros comunitarios (comedor, club, parroquia, paradores para personas en situación de calle, etc.) y haya mantenido estrecha proximidad con un caso confirmado, mientras el caso presentaba síntomas (menos de 2 metros, durante 15 minutos) .
En la Villa 21/24, el último reporte indicó 264 casos positivos.
Al día siguiente, la familia de Ramona llamó al SAME. Cuando éste llegó, Ramona ya había fallecido. Post mortem su cuerpo de trabajadora mostró que, también, tenía COVID-19.

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