NEOLIBERALISMO, DOCTRINA PERFECCIONISTA DEL CAPITALISMO. Por Jorge Luis Bernetti

NEOLIBERALISMO, DOCTRINA PERFECCIONISTA DEL CAPITALISMO. Por Jorge Luis Bernetti

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jueves, 26 octubre 2017
Ensayos

El politólogo Jorge Luis Bernetti recorre las tensiones y cruces entre liberalismo y conservadurismo para proponer una fotografía del llamado neoliberalismo: “un neo-capitalismo neoliberal propugnador de la democracia indirecta, sometida a la división de poderes bajo el control  de las fuerzas hegemónicas internacionales y nacionales o bajo el modelo del socialismo monopartidario, pero abierto a todas las formas de penetración del gran capital internacional”.

 

Es la ideología dominante de la época, pero- en general- su denominación no es utilizada por sus partidarios que, muchas veces prefieren apartarse de ella aunque, en la práctica, desarrollan sus preceptos.

Hay un neoliberalismo doctrinario y un liberalismo político en la escena internacional. El primero se forjó en los encuentros desarrollados en Mount Pellerin (Suiza) por Friederich Hayek y sus colegas.  Las reflexiones nacidas de esos encuentros no fueron nuevas, ni tampoco únicas pero dieron impulso a muchas reflexiones que se desarrollaron en otros centros como las teorías económicas de la Universidad de Chicago, la Escuela de Chicago.

En lo político fueron el presidente norteamericano Ronald Reagan (1981-1989) y la primera ministra británica Margaret Thatcher ( 1979-1990) quienes impusieron en sus gobiernos y en sus países e impulsaron internacionalmente el desarrollo de las teorías neo-liberales.

En la teoría y en la discusión política se mencionan – y a menudo- se mezclan liberalismo y conservadorismo, neo liberalismo y neo conservadorismo.

Más allá de la larga discusión para diferenciarlos y conjugarlos, los cuatro rubros mencionados siempre responden mejor a la denominación “neo-liberalismo”.

El liberalismo nació en Europa como doctrina que fue constituyéndose para enfrentar el poder absoluto de los reyes y dotar de un marco teórico conceptual al creciente capitalismo en lucha contra el decadente modelo feudal.

Ese liberalismo adoptaba la libertad de empresa y de comercio como su bandera central y fue Adam Smith quién fue su portaestandarte más significativo.

En Inglaterra fue en la llamada “Revolución Gloriosa” de 1688-1689 cuando se estableció, o comenzó a establecer definitivamente el predominio del Parlamento sobre el Rey. En Francia, que no produjo ningún cambio significativo en éste sentido la Revolución Francesa de 1789 se llevó a la Monarquía por delante y estableció principios republicanos que, con avances y retrocesos, se impusieron en la conciencia social.

Los liberales en Inglaterra y en el continente europeo y en la Revolución Americana defendieron la propiedad privada burguesa, el comercio libre y- por consiguiente- el imperialismo.

Los conservadores fueron la última trinchera de defensa del viejo orden feudal, pero fueron acomodándose a los avances capitalistas económicas que proponía el liberalismo. Porque el liberalismo no solamente atravesaba las relaciones económicas sino que, al exaltar las libertades individuales abrió paso a la libertad religiosa, progresivamente a las demandas de sexo, a la libertad de prensa contra la censura real y al incremento paulatino del voto hacia las mayorías.

Los conservadores se manifestaron en contra de esas demandas pero fueron sucesivamente vencidos en procesos complejos desiguales y combinados.

Pero en esa lucha nació un nuevo sujeto, el que reclamaba la libertad económica, social y – por supuesto- política para el proletariado. El nacimiento del socialismo en sus diversas corrientes, como democracia social y su desarrollo teórico por Carlos Marx en “El Capital” y extendido por sus discípulos y diversas escuelas y partidos nacionales europeos planteó un gran desafío al capitalismo.

A la teoría de “El Capital” le sucedió la Revolución Rusa (1917). La crisis del capitalismo se comenzó a precipitar en la Primera Guerra Mundial y luego en la crisis del ’29 con el estallido de la bolsa de Nueva York.

Para salvar al capitalismo sus líderes dejaron de lado algunos principios. La teoría económica de un lord inglés, John Maynard Keynes, justificó la intervención del estado capitalista en la economía para recuperarla por medio de la incentivación de la demanda y el desarrollo de obras y empresas públicas. Desde gobiernos liberales hasta conservadores y totalitarios (como el nazismo y el fascismo) utilizaron esta política.

También lo hicieron después de la Segunda Guerra Mundial los movimientos nacionalistas populares o populistas. La competencia entre el bloque capitalista occidental y el bloque socialista real o comunista sostuvo las posiciones keynesianas o neo-keynesianas.

Al mismo tiempo que se discutían doctrinas económicas, en Occidente se subrayó la diferencia entre la democracia y el liberalismo. Nacida de la Revolución Francesa, la teoría de la “voluntad general” de Juan Jacobo Rousseau que planteó la primacía de la mayoría para gobernar, fue enfrentada por el modelo de la democracia representativa indirecta.

Esta democracia indirecta dominaba y domina tanto en Gran Bretaña como en los Estados Unidos, aunque bajo diferentes formatos. Coinciden aquella monarquía y ésta república en alejar los pronunciamientos populares directos como forma de gobierno de la “multitud” que- peligrosamente- pone en juego los valores de propiedad en manos de la clase dominante burguesa o capitalista.

Bajo la continuidad de las crisis económicas, el enfrentamiento con el campo socialista y el desafío del Tercer Mundo, el capitalismo de los países centrales tomó las banderas de la exaltación de las libertad individuales y económica del liberalismo y desgranó de su arenal teórico aquello que había sido lo más progresivo del liberalismo. Al mismo tiempo, los conservadores que habían tomado algunas ideas liberales de protección social se pasaron al otro campo.

De tal modo partidos como el Republicano con Reagan y el Conservador con Thatcher asumieron las teorías económicas  del tipo de la Escuela de Chicago y levantaron los valores de lo individual y de los derechos humanos como consideración personal y no social.

El derrumbe del  campo socialista en 1989 (caída del Muro de Berlín) y de la Unión Soviética  (1991), condujeron más rápidamente aún al dominio financiero del capital sobre las formas industriales y comerciales. Aún los países que quedaron bajo formas socialistas de partido único, como China, Vietnam y Cuba- de manera por cierto diversa – ingresaron en esta nueva forma de dominio anárquico del hiper gran capital.

Las reacciones nacionalistas y religiosas son  formas negativas de resistencia pero no construyen, todavía, un modelo propositivo nuevo.

El dominio del capitalismo bajo forma neo- liberal coloca a todas las decisiones económicas del mundo bajo el control de las transnacionales, de sus tribunales de control y de la subordinación de la ONU a organismos político-militares como la OTAN.

La actual manifestación caótica de la situación internacional ubica a un neo- capitalismo neo liberal propugnador de la democracia indirecta, sometida a la división de poderes bajo el control  de las fuerzas hegemónicas internacionales y nacionales o bajo el modelo del socialismo monopartidario pero abierto a todas las formas de penetración del gran capital internacional.

Una era de búsqueda y lucha se ha abierto, con resultado incierto, a partir de este triunfo actual del capitalismo financiero amamantado por las doctrina del neo-liberalismo, que levanta la bandera de la libertad absoluta del capital.

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2 Comments

  1. alberto says:

    muy buen artículo, gracias por dar datos y las corrientes del capitalismo que tanto daño le hizo a la humanidad

  2. Santiago Hileret says:

    En una breve frase, como al pasar, Bernetti da claras muestras de no saber gran cosa sobre Estados Unidos, su gestación como proyecto filosófico-político, su historia y su sistema económico, muy propio, distinto de — y diametralmente contrapuesto a — la chatarra que va desde Adam Smith hasta von Hayek, von Mises, el London School of Economics y la “Escuela de Chicago”.

    Dice Bernetti: “Los liberales en Inglaterra y en el continente europeo __y en la Revolución Americana__ defendieron la propiedad privada burguesa, el comercio libre y- por consiguiente- el imperialismo.”

    Se trata de un caso manifiesto de mezcla que enturbia.

    El concepto de lo “burgués” — categoría fuertemente identificada con el pensamiento marxista — no tenía entidad en los 80 o más años anteriores a 1776, en los que se gestó la revolución americana.

    Los impulsores más nítidos de esa revolución [y quienes influyeron más en su configuración filosófica, expresada — a su vez — en un sistema de gobierno cuidadosamente diseñado, con “controles y contrapesos” (checks and balances) para evitar estructuralmente los típicos excesos de los monarcas] se inspiraban en lo mejor y más brillante del pensamiento y la acción política de grandes ESTADISTAS europeos, desde Platón de Atenas hasta Gottfried Liebniz, pasando por Nicolás de Cusa, por citar sólo a algunos. Esta es la tradición filosófica que dio origen al Renacimiento y a los primeros estados nación (la Francia de Luis XI, la Inglarerra de Enrique VII).

    Es un despropósito habitual en el progresismo o la izquierda iberoamericana el que desliza aquí Bernetti, como quien no quiere la cosa, cuando identificia a la Revolución Americana con el Sistema Oligárquico Imperial contra el que se alzó. Esta deformación de la historia se hace a base de mezclar / enturbiar a todas las colonias que acabaron constituyendo lo que hoy es Estados Unidos como si fuesen idénticas y uniformes. Algo así como identificar a Videla y sus seguidores / justificadores con los defensores del enfoque nacional y popular sobre la base de que todos son argentinos.

    EEUU arranca con un lastre nefasto de varios estados firmemente identificados con el esclavismo como estructura social y “modo de producción”. Esos estados se resisitieron duramente antes de acabar aceptando la formación de un gobierno federal (hasta entonces eran una “confederación” de repúblicas independientes) y la redacción de una Constitución (Gran Bretaña, en la que _esos_ estados sí se inspiraban, no tenía — NI TIENE, hasta el día de hoy — una constitución escrita).

    La “grieta” que se explicita de tiempo en tiempo en EEUU — en particular, hoy por hoy — es la expresión contemporánea de este conflicto de origen, que sigue, en gran medida, sin resolverse. Fue lo que dio origen al intento de secesión (activamente fomentado y apoyado por Gran Bretaña) en los 1860s, y a otros períodos de intensa movilización (y, por momentos, violentos tumultos) como la batalla por los llamados Derechos Civiles (en realidad, Derechos Humanos) en los años ’50 y ’60 del siglo XX.

    Lo que contribuye a esta visión simplista y sesgada de EEUU en Iberoamérica es una serie de factores, incluyendo la influencia de una “intelectualidad” europea desinformada y resentida contra la hegemonía que pasó a ejercer EEUU sobre Europa (y el llamado “mundo libre”) desde el final de la 2a Guerra Mundial, pero — en un sentido más preciso y más concreto — la acción persistente de lo peor de la oligarquía europea (lo que podríamos denominar el Imperio Liberal Anglo-Holandés) en manipular ante todo a la élite americana y, desde esa posición de control y poder, a Europa y el mundo.

    La oligarquía británica (desde 1688, anglo-holandesa), que es el centro neurálgico de la oligarquía internacional, renunció (al menos, temporariamente) a re-conquistar sus antiguas colonias de América del Norte cuando su intento de dividir (para reinar) a EEUU (la Guerra de Secesión) fracasó. Su reacción fue: hacer matar a Lincoln y concentrar sus esfuerzos, a partir de ese momento, en infiltrar y socavar ideológica y culturalmente a EEUU, apoyándose en la base sustancial de la población sobre la que seguía teniendo amplia influencia (muy crudamente, el Sur, aunque no es un fenómeno estricatmente geográfico).

    Thomas Jefferson era un “agrarista” (como los estancieros de Argentina, “granero del mundo”) y un Jacobino que hablaba de “regar el árbol de la libertad con sangre de patriotas” cada 20 ó 25 años (no hay que ahorrar sangre de gauchos). De ninguna manera se lo puede poner en la misma bolsa con Ben Franklin, científico, inventor, editor, promotor de todo tipo de entidades públicas y artífice destacado de la Constitución. (Nacido en 1706, Franklin tenía 70 años cuando se declaró la independencia y cerca de 80 cuando se reunió la convención constituyente).

    Theodore Roosevelt era un probritánico desembozado, y fue quien particionó Colombia, creando de un plumazo el estado de Panamá. Su tío materno, James Bullock, había sido el Jefe de Inteligencia de la Confederación (los estados secesionistas del Sur) y operaba desde… Londes. De ninguna manera se puede meter a “Teddy” Roosevelt en la misma bolsa con su primo Franklin D. Roosevelt (FDR), que impulsó la política del “buen vecino”, aceptó sin chistar que Lázaro Cárdenas nacionalizace el petróleo en México (como Lincoln, en su momento, había ayudado a Benito Juárez a derrotar el intento de restauración monárquica de Maximiliano) y le advirtió a Churchill que EEUU no iba a consentir que los imperios europeos vovliesen a ocupar sus “dominios” coloniales al terminar la 2a Guerra. Pero FDR murió el 12 de abril del 45, algunos meses antes del final de la guerra en Europa. Lo sustituyó Truman, un títere de Wall St (la sucursal de la City de Londres en territorio americano), quien procedió a descargar 2 bombas atómicas sobre Japón en contra del consejo de su plana mayor militar, pero de acuerdo con las “instrucciones” del Imperio Británico, versión infiltrada en EEUU (“gente” como los hermanos Dulles, de la firma de abogados de Wall Street Sullivan and Cromwell). Allen Dulles fue uno de los primeros jefes de la CIA (fundada en el 47), John Foster Dulles fue Secretario de Estado.

    John F Kennedy, como su hermano Edward.y como Lincoln, McKinley, Garfield (y, casi-casi, FDR, poco antes de asumir) murió asesinado. El primer jefe de estado extranjero que recibió Kennedy en la Casa Blanca fue Kwame Nkruma, presidente de Ghana, uno de los primeros países africanos en declarar la independencia, dejando de ser una colonia… británica. Kennedy no pudo recibir a Patrice Emery Lumumba, padre de la independencia del Congo (ex “belga”) porque las agencias de inteligencia combinadas de EEUU, Gran Bretaña y Bélgica se encargaron de asesinarlo unos pocos días antes de que JFK asumiera la presidencia.

    El sistema económico que “hizo” EEUU arranca con la brillantez de Alexander Hamilton y su sistema de __crédito soberano__. Hamilton — primer Secretario del Tesoro — escribe tres informes cruciales al Congreso, en los que delinea y define su sistema, diametralmente contrapuesto al __monetarismo__ y al “libre comercio” que venía imponiendo, en todo el mundo, Gran Bretaña. Informe sobre la Deuda y el Crédito, Informe sobre el Banco Nacional, opinión sobre la constitucionalidad del banco nacional (los estados probritánicos la cuestionaban) e Informe sobre las Manufacturas. (Hamilton muere en un duelo sobre un asunto menor, de faldas, y quien lo mata — Aaron Burr — se refugia durante unos años en… la finca del máximo jerarca de la British East India Company, en el Reino Unido).

    El sistema sigue con los economistas Matthew y Henry Carey (padre e hijo) y con sus aliados Henry Clay y Friederich List. Esto ya es en tiempos de Lincoln. Carey hijo escribe intensos alegatos y polémicas contra el librecambismo británico y en favor de las tarifas proteccionistas y el credito público para desarrollar el territorio con infraestructura “dura” y a la población con infraestructura “blanda”, como educación y salud pública __de calidad__. En esa misma época, en Gran Bretaña, el pastor Malthus, amigo de Darwin, argumentaba — como sigue argumentando hasta hoy la oligarquía, por intermedio de sus organizaciones “ecologistas” y/o “tecnocráticas”, como el Club de Roma, el Sierra Club, Zero Population Growth, World Wildlife Fund, Greenpeace, etc — que “los recursos son finitos / no alcanza para todos” y — en el caso de Mathus, con menos pelos en la lengua — que a los pobres había que dejarlos sin asistencia ni protección, de modo que los que “sobraban” se muriesen solos, de miseria, hambre o enfermedades varias.

    Friederich List, en cambio, escribía y publicaba el “Sistema Nacional de Economía Política” y trabajaba con Bismarck en la creación de la Alemania unificada de la 2a mitad del siglo XIX, con un enorme impulso a la ciencia, la industria y el primer sistema de jubilaciones públicas del mundo.

    [ http://aeperu.blogspot.com.ar/2011/04/friedrich-list-economia-nacional-de.html ]
    [ https://www.goodreads.com/book/show/9820867-sistema-nacional-de-economia-politica ]
    Las Ideas de Friedrich List – A. Piqué, UCA, 1982 [www.uca.edu.ar/uca/common/grupo12/files/ipel_007.pdf]

    Otros destacados seguidores del “sistema americano” fueron el conde Witte, en Rusia (ferrocarril Transiberiano, primera electrificación) y Sun Yat-sen en China, doctor en medicina, brillante estadista y padre de la República China.

    En síntesis: es indispensable distinguir entre gobiernos y élites dirigentes (caso gobierno argentino hoy) por una parte, y pueblos, por la otra.. Pero también entre los __principios__ sobre los que se fundan los mejores sistemas de gobierno que la humanidad ha sabido darse (y entre estos, el sistema constitucional republicano y presidencialista de EEUU es todavía hoy un modelo muy destacado, y que — en combinación con el sistema económico Hamiltoniano — ha dado lugar a enormes avances, a lo largo de más de dos siglos) y las aberraciones que pueden darse y se dan, aún dentro de los mejores sistemas. En el caso concreto de EEUU, es indudable que — salvo el intento de Kennedy, rápidamente contrarrestado — ese país ha estado y está, desde la muerte de FDR, en abril de 1945, en manos de una neo-oligarquía vernácula y un sistema de mega-corporaciones transnacionales que reniega, en la práctica, de todos los principios sobre los que se fundó el país.

    Hay que evitar los simplismos, que llevan a “tirar al babé con el agua del baño”. Ningún estado es un imperio. Los imperios son entes meta- y supra-estatales. Hoy el IMPERIO se manifiesta en la forma de un entramado de “viejas familias”, con su archipiélago de “jurisdicciones”-guarida, libres de impuestos, y su control sobre organismos supranacionales como la OMC, El Banco Mundial, el FMI, buena parte de las agencias de la ONU, y el sistema de Bancos Centrales, que interactúan con los MegaBancos “Universales” (JP Morgan Chase, Goldman Sachs, Societé Générale, etc). Si se trata de identificar al peor y más encarnizado enemigo de la humanidad es este entramado, y no ningun estado. Los estados son. si acaso, los infaustos ejecutores de las órdenes de la ultra-élite, gestionados por penosas víctimas del lavado de cerebro que les inculca doctrinas económicas anti-humanas, aderezadas con visiones militaristas “geopolíticas” y una buena dosis de racismo.

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