Hacer memoria viva del kirchnerismo: reflexiones acerca de la construcción de una alternativa política al macrismo. Por Andrés Tzeiman

Hacer memoria viva del kirchnerismo: reflexiones acerca de la construcción de una alternativa política al macrismo. Por Andrés Tzeiman

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miércoles, 15 noviembre 2017
Debates

Andrés Tzeiman, investigador en el Departamento de Estudios Políticos del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, reflexiona sobre los desafíos para la articulación de una alternativa política al macrismo en la actual coyuntura. El macrismo como un retorno al proyecto político del Centenario, las tensiones con la memoria plebeya de la experiencia peronista, el rol actual de Cristina Fernández de Kirchner y los límites a la rearticulación política del campo popular. 

Alguna vez el pensador boliviano René Zavaleta supo afirmar: “hay acontecimientos que se vuelven como Dioses para la conciencia de los pueblos”. Se refería a interpelaciones circulares que persisten con fuerza, que no descansan a la hora de regresar, que habitan la memoria colectiva aunque más no sea de un modo inconsciente. Al ser como Dioses, decía Zavaleta, los veneramos y nos resultan incontrolables.

Las notas que siguen a continuación intentan pensar en esa clave, es decir, en diálogo con los fantasmas de nuestro pasado, uno de los dilemas políticos más determinantes de la Argentina actual: el de la construcción de una alternativa política al macrismo.

Pues bien, para comenzar, podemos señalar que aquel que fuera pionero en el proceso político contemporáneo argentino a la hora de agitar los fantasmas del pasado fue el presidente Mauricio Macri. Basta para ello con recordar la misma noche en que consiguió el triunfo en el ballotage presidencial del 22 de noviembre de 2015. En medio del furor de los festejos, aquel día, en su primer discurso posterior a la victoria electoral, se dirigió a los argentinos y les dijo, entre otras cosas, que era tiempo de regresar a aquella nación de inmigrantes que habían descendido de los barcos, cuyo empeño había permitido edificar un país cimentado en la cultura del trabajo y el esfuerzo individual. En otras palabras, en aquella primera alocución aparecía de forma temprana, a modo de proyección, el recuerdo de la generación del ´80 y de la Argentina del centenario, la imagen de una nación exitosa a la que debíamos retornar. Se presentaba entonces como punto de partida del macrismo la idea de un retorno, que precisamente era tal en función de su contrapunto, es decir, como retorno evocado en relación con un presunto desvío que se debía subsanar.

Precisamente, como decíamos, la enunciación de un retorno no hacía sino confesar la existencia de un previo desvío. Algo que se había interpuesto violentamente, interrumpiendo el proyecto de 1910. Sucede que el sueño tempranamente invocado por Macri en su discurso triunfal tiene en la historia argentina su reverso. Es decir, la remisión a la Argentina del centenario no puede evitar su pesadilla. La alusión es inevitable: el 17 de octubre de 1945 es, bajo la perspectiva de las clases dominantes locales, la fecha de nacimiento de las mafias. Sin embargo, el impacto de aquel octubre no se agota en esa mirada: la interrupción de la historia ensayada por el mundo plebeyo en ese entonces resultaba la génesis de su propio mito fundador. Se convertía en un nuevo Dios, se transformaba en una nueva imagen susceptible de veneración.

Pero aun concibiendo a ambos como momentos constitutivos, existe una diferencia cualitativa entre la Argentina del centenario y la de 1945. La irrupción de lo plebeyo abierta tras aquel 17 de octubre ha sido una marca fugaz, episódica en nuestra larga historia (por eso para las clases dominantes asume la forma de un desvío). Mientras que para los sectores populares resulta un momento mítico, un pasado al que pronto llegará la hora de volver.

Entonces, recapitulando: dos momentos, dos deidades. O bien, para ir al grano, dos proyectos de nación. Uno sostenido en el tiempo, permanente, pero interrumpido por desvíos transitorios. El otro fugaz y episódico, pero mítico. Por ahora, a los fines de nuestro argumento, nos alcanza con decir que ambos funcionan como el nudo de una contradicción. Pues aquello en lo que nos interesa concentrarnos de aquí en adelante es la forma en que tal contradicción atraviesa desde la perspectiva de los sectores populares nuestro presente histórico. Es decir, la pregunta política por la necesidad y la forma de volver.

Así, el deseo de volver remite a la posibilidad de reintentar la constitución del proyecto de nación que ha quedado inconcluso. Ciertamente, ello implica que el gobierno del Estado se erija en espacio de articulación de lo popular. Pero ese retorno supone, ante todo, el regreso de lo plebeyo (y fundamentalmente, de sus formas organizadas –las mafias-), al ejercicio de un lugar protagónico en el direccionamiento del proceso social, político y económico.

Ahora bien, alguien podría argumentar, con mucha pertinencia, que en la historia argentina volver siempre ha estado asociado a figuras concretas, a personas de carne y hueso. Algo muy cierto, que no pretendemos negar aquí. Pero creemos, más allá de eso, que volver se asocia constitutiva y primordialmente al ejercicio de la resistencia. Pues la historia, en definitiva, no es otra cosa que la historia de la lucha de clases. Y ella, en su desarrollo, en las formas mismas del despliegue de sus contradicciones, constituye a los propios sujetos sociales y políticos. Es decir, redefine, con las viejas marcas, y con la carga de su pasado mítico, a las identidades históricas. Por esa razón, pensamos, la historia no se replica al pie de la letra ni de un modo literal, impidiendo por ello también la repetición absoluta en las formas de volver.

En ese sentido, sostenemos que la resistencia popular al macrismo ejercida en las calles ha sido ejemplar. Fundamentalmente, entre abril de 2016 y mayo de 2017 (antes de que comenzara el ciclo de debate electoral), las movilizaciones de masas se multiplicaron, en cantidad y en heterogeneidad de reclamos. Ello significó la erección de un polo de lucha social contundente, punzante, con fuerte anclaje en las distintas mediaciones organizativas de lo popular: sindicatos, partidos y organizaciones políticas, movimientos sociales, organizaciones territoriales, federaciones estudiantiles, por nombrar las más importantes. A las cuales se sumaron plurales y diversos agrupamientos (de artistas, intelectuales, científicos, multisectoriales barriales, etc.) constituidos en función de demandas específicas.

Pues bien, abordar el problema de la alternativa política al macrismo supone como momento inicial, para nosotros, dar cuenta de esas resistencias y de sus actores protagónicos. Implica, de ese modo, situarse en la contradicción fundamental que toma cuerpo en nuestra coyuntura histórica. Significa la construcción de una forma política que exprese los antagonismos generados por la movilización social ante las medidas concebidas por el proyecto de nación en vigencia, dando cuenta de las mediaciones sociales organizadas que fueron protagonistas de aquellos antagonismos.

En ese marco, en términos de alianzas sociales y políticas, hasta el momento parecen enfrentarse dos vías a través de las cuales se ha intentado construir una alternativa política al macrismo para canalizar aquella “oposición social”. Encontramos una primera, conservadora y reaccionaria, que pese a sus señales de ambivalencia confluye con el relato oficial en la necesidad de sepultar el presunto desvío que precedió nuestra actualidad. Referenciándose en el futuro, esa alternativa pretende negar el pasado para aceptar sin más las condiciones del presente. Tal opción reniega entonces de la vocación por volver, pues al fin y al cabo, cierra filas con la obstrucción oficial hacia el protagonismo popular en la historia.

Pero a la vez, por otra parte, se ha conformado una segunda opción, enfrentada a la anterior, plenamente identificada con la necesidad y el deseo de volver. Ésta, según nuestro juicio, experimenta cierta dificultad al asimilar el volver con una repetición imposible de la historia, replicando de conjunto los símbolos, los hitos y las batallas de la etapa kirchnerista. Por eso, en lo que respecta a las alianzas políticas y sociales y a su vínculo con el despliegue de las resistencias al macrismo, guarda un vínculo que fluctúa entre la estrechez y la refracción.

No quisiéramos escapar aquí a la tarea de poner nombres propios a las opciones que hemos identificado en el párrafo anterior. En el caso de la primera, sin embargo, no consideramos necesario hacerlo, ya que esa alternativa cuenta con muchas figuras (no precisamente ilustres) en su haber. La segunda, en cambio, tiene una expresión privilegiada con nombre y apellido: Cristina Fernández de Kirchner. No obstante, existe una paradoja en la referencia a la ex mandataria como protagonista de esa opción. Aun siendo la encarnadura de una hipotética repetición imposible de la historia, Cristina ha sido al mismo tiempo la única figura de la oposición, que como parte del sistema político, en su campaña electoral legislativa ha colocado en sus justos términos las contradicciones fundamentales de la etapa actual.

Por lo tanto, pensamos que la complejidad de este momento histórico para la construcción de una alternativa política al macrismo está dada precisamente por esa soledad de Cristina. Por ser la ex presidenta la única figura de peso que afronta en la especificidad de la lucha política el despliegue de las contradicciones de esta etapa. Eso la convierte en la mejor intérprete de aquella partitura que, al menos por un tiempo, probablemente no pueda ser escuchada en la forma merecida. Ese peso la transforma en una potencia única y difícil (sino imposible) de igualar. Pero al mismo tiempo pareciera ser un límite para conseguir el objetivo de volver.

Cabe aclarar, para evitar malentendidos, que estas reflexiones quizá puedan confluir en cierta búsqueda de autocrítica, especialmente relacionada con la necesidad de repensar las condiciones de posibilidad, en materia de alianzas políticas y sociales, que dieron lugar al sostenimiento del proyecto kirchnerista. Es decir, de reflexionar acerca del lugar que desempeñaron en sus doce años de gobierno las distintas mediaciones organizativas que posee la clase trabajadora (sin excluir del balance a ninguna de ellas). Sin embargo, al mismo tiempo que estas palabras reivindican el ejercicio de tal autocrítica, insisten en no confundirla con una operación intelectual de autocensura ni autoinculpación. Se basan, más bien, en una reivindicación del kirchnerismo y en la necesidad de realizar un ejercicio intelectual, orgánico al proceso político popular, que abone la voluntad creativa propia del deseo de volver.

Es por eso que para nosotros, volver es incompatible con la sepultura del kirchnerismo o con su valoración como un asunto estrictamente del pasado. Más bien, entendemos que el mejor modo de construir una alternativa política al macrismo es sin una repetición, pero haciendo memoria viva del kirchnerismo, preservando su espíritu, inyectando sus banderas y sus conquistas populares en las luchas del presente para construir una nueva forma, distinta, de volver.

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