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Los textos de Leonard Cohen en El último lector

A tres años de la muerte del gran poeta y cantante canadiense, Seba Ronchetti comparte textos en la madrugada de FM La Patriada. "Si eres tú quien reparte las cartas, yo estoy fuera del juego. Si tú eres el que cura, significa que estoy maltrecho y ROTO. Si tuya es la gloria, entonces mía es la deshonra. Quieres más oscuridad, apagamos la llama".

Textos de Leonard Cohen en El último lector

You want it darker

 

Si eres tú quien reparte las cartas, yo estoy fuera del juego.
Si tú eres el que cura, significa que estoy maltrecho y ROTO.
Si tuya es la gloria, entonces mía es la deshonra.
Quieres más oscuridad,
apagamos la llama.

Magnificado, santificado, sea tu nombre sagrado.
Denigrado, crucificado, en el armazón humano.
Un millón de velas encendidas por la ayuda que nunca vino.
Lo quieres más oscuro.

Aquí estoy, aquí estoy (hineni hineni)
Estoy listo, mi Señor.

Hay un amante en la historia,
pero la historia sigue siendo la misma.
Hay un arrullo para el sufrimiento,
y una paradoja a la que culpar.
Pero está escrito en las Escrituras,
y no es ninguna afirmación inútil..
Quieres más oscuridad,
apagamos la llama.

Están poniendo a los prisioneros en fila,
y los guardias están apuntando sus armas.
Yo me revolví contra algunos demonios,
eran clase media y aburridos.
No sabía que tenía permiso para asesinar y mutilar.
Quieres más oscuridad.

Hinéni, hinéni.
Estoy listo, mi Señor.

Magnificado, santificado, sea tu nombre sagrado.
Denigrado, crucificado, en el armazón humano.
Un millón de velas encendidas por la ayuda que nunca vino.
Lo quieres más oscuro,
apagamos la llama.

Si eres tú quien reparte las cartas, déjame salirme del juego.
Si tú eres el que cura, eso significa que estoy maltrecho y roto.
Si tuya es la gloria, entonces mía será la deshonra.
Quieres más oscuridad,

Hinéni, hinéni.
Hinéni, hinéni.
Estoy listo, mi Señor.

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Traidor 

 

Voy a cerrar el libro  intencionadamente parsimonioso.

La belleza  reside en la lentitud  en la que somos conscientes de todo lo que nos ocupa. Visualizo un campo de  batalla esencialmente triste, cadáveres de extranjeros que deambulan desahuciados enarbolando la  bandera inútil  y pretenciosa del orgullo.

¡Siempre hacia adelante! Gritan… Se abrochan  sus trajes, se  ajustan las  corbatas, se perfilan los  labios con el rojo de moda mientras dejan entrever el suculento valle de  sus  pechos  con la malévola  castidad de los  mercaderes.

Imagino que su  tiempo  es como  un barril  repleto de  harina mojada con el que  juegan, retorciéndolo sin cesar y sin motivo,  un  fango  pasteloso  pero de blanco impoluto que lo  hace (presuntamente) inocente.

Y de  ahí no se sale , entretenidos  con la propia sombra tapando la luz.

Soy demasiado cobarde como  para mantenerme alejado de  todos ellos. Acepto las  reglas del juego  y me vengo arriba  con la vanidad de los visionarios mediocres que perciben que ese no es  su sitio  pero que no hacen ni el más mínimo  esfuerzo en encontrar el  suyo.

Digo que me disfrazo para pasar desapercibido, pero sé que el disfraz soy yo.

La lucidez (que  luego siempre se me olvida)  me tararea  sólo tres  palabras; cultura, amor y respeto.

Suenan  obvias  pero conjugarlas sin objetivos perversos es  jodidamente  complicado.

Sospecho que no podré garantizarte que no seré un traidor. Mis debilidades siempre  me han precedido.

Cierro el  libro  y  me siento culpable por   haberles llamado  cadáveres. A veces  soy un irremediable  idiota. Lo siento, nunca quise  hacerles daño. 

Fuente: El último lector – FM La Patriada. 

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