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Leopoldo Marechal y el "el poeta depuesto" en El último lector

"...Y su confirmación de lo que yo había experimentado en carne propia me llevó a estas dos conclusiones: 1º, la "barbarie" que Sarmiento denunciara en las clases populares de su época se había trasladado paradójicamente a la clase intelectual de hoy, ya que sólo bárbaros (¡oh, muy lujosos!) podían excluir de su comunidad a un poeta que hasta entonces llamaban hermano, por el solo delito de haber seguido tres banderas que creyó y cree inalienables; y 2º, desde 1955 no sólo tuvo nuestro país un Gobernante Depuesto, sino también un Abogado depuesto, un Médico Depuesto, un Militar Depuesto, un Cura Depuesto y (tal mi caso) un Poeta Depuesto".

 Fragmentos de "El poeta depuesto" y el cuento "El beatle final" se leen en la madrugada de FM La Patriada con Seba Ronchetti.  

 

  1. Y sucedió y sucede y sucederá. ¡Muy bue­nas noches, mundo en la balanza! En Metrópolis la finalista, el Gran Octógono desarrollaba sus actividades como una "central" humanoelectrónica del Imperio. El Gran Octógono era un polígono irre­gular, ya que sus lados no tenían igual importancia ni longitud en el dinamismo de aquel mundo. Sin duda el lado AB realizaba la función más vital, puesto que dirigía todos los re­sortes ofensivos y defensivos del Imperio, la investigación de las materias y las antimaterias, la cons­trucción de nuevas armas físicas y psíquicas desti­nadas a los enemigos actuales o potenciales de la co­munidad, ya fuesen internos o externos, ya se insi­nuaran en el plano terrestre o fueran sospechados en cualquier galaxia más o menos vecina. Sucedió, suce­de y sucederá. ¡Tierra en la balanza, yo te saludo!
  1. Fue posible y es posible y será posible. ¡Yo te bendigo, santa Posibilidad! Acon­teció un día en que los habitantes de Metrópolis exteriorizaron los primeros síntomas de una enfermedad secreta, una suerte de "abatimiento pestoso" que na­die había conocido hasta entonces. El lado EF del Gran Octógono, que custodia­ba la salud pública, se lanzó al estudio integral de aquel morbo, no dudando que se debía o a un virus filtrable no descubierto aún o a las radiaciones de algún isótopo desconocido en la Tabla Periódica. Sin embargo, y tras una exhaustiva investigación de sus laboratorios, el lado EF concluyó por afirmar que la plaga no era del orden psicosomático. Ahora bien, la enfermedad crecía en Metrópolis, y sus marchitos ciudadanos desertaban de las usinas de metalurgia y electrónica, languidecían junto a los reactores ató­micos y se desmayaban en las bases de lanzamiento de la cohetería interplanetaria. Y como la prensa, que nunca duerme, iniciase una campaña feroz con­tra la desidia oficial, el lado EF decidió transferir el expediente al lado GH del Octógono, según una estra­tegia de la burocracia que al parecer ha de subsistir hasta el Día del Juicio por la noche. Sucedió y suce­de, porque todo efecto ya está implícito en su "causa". Y si no ríes en la causa llorarás en los efectos.

Fuente: El último lector - FM La Patriada.

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