Home / 75 Octubres / Leales a la justicia social

Leales a la justicia social

* Por Ana Natalucci. |

Diseño: Cooperativa Gráfica del Pueblo

El peronismo cumple 75 años. El 17 de octubre de 1945 implicó el cierre de un proceso de politización de los sectores populares y al mismo tiempo el inicio de su incorporación como tales a la comunidad política. Ese 17 miles de argentinos exigieron la libertad de Juan Domingo Perón, pero principalmente anunciaron que los derechos que habían conquistado en los últimos años eran irrenunciables e inclaudicables.

En una mirada de corto alcance, ese 17 se cerró un ciclo de movilización caracterizado por las tensiones con los sectores dominantes por la orientación del proceso de industrialización, que en pocas palabras implicaba si este era impulsado junto con la garantía de derechos sociales. Bautizado con la consigna “lealtad”, con el peronismo los sectores populares accedieron a derechos sociales y a derechos políticos en términos bien concretos de la posibilidad de su ejercicio. Indudablemente, este momento es clave en la trayectoria de los sectores populares.

Ahora bien, la incorporación de los sectores populares a la comunidad política quedó cristalizada en la organización movimentista a partir de las ramas (partidaria, sindical, femenina).

En las últimas décadas -y más allá de la apreciación estricta sobre el funcionamiento de esta distribución- las relaciones internas al interior del peronismo se complejizaron a raíz de dos acontecimientos.

El primero, durante los 80, con la desindicalización del peronismo que implicó el desplazamiento del sindicalismo de la conducción partidaria hacia las elites partidarias, que crecían al ritmo de la transición democrática y el ascenso de peronistas a cargos ejecutivos en todos los subniveles.

El segundo acontecimiento remite a la transformación brutal del mundo del trabajo en el marco de las políticas neoliberales implementadas a partir de la última dictadura militar y sobre todo por el menemismo. El impacto de estas fue rotundo no sólo en la fisonomía del peronismo sino principalmente en la clase trabajadora.

Desde entonces asistimos a su creciente heterogeneización y reorganización en los llamados 3 tercios: trabajadores asalariados registrados, asalariados no registrados y no asalariados. Este proceso tuvo su correlato en las formas de organización y representación. Sobre este último tercio me quiero detener. Este fue adoptando diferentes nombres: desocupados, piqueteros, trabajadores de la economía popular y también fue creando experiencias organizativas diferenciadas según el clima de cada época.

Una primera cuestión para considerar es el creciente desapego de los sectores populares al peronismo debido al giro neoliberal ejectuado por el menemismo. A raíz de estos, durante los 90 observamos como organizaciones piqueteras, de desocupados -pero también de mujeres, estudiantiles, sindicales- renegaban de su participación en el peronismo; podían incluso rescatar la experiencia del peronismo clásico o de las organizaciones de los 70, pero el peronismo era pasado. Y esto tenía como reflejo no sólo su reticencia a participar del PJ y en su fuerte cuestionamiento a los punteros y barones, sino también en sus resquemores respecto de la participación estatal.

La crisis de 2001 y sobre todo el kirchnerismo significaron un punto de inflexión. La primera porque quedó claro que no alcanzaba con construir una poderosa fuerza destituyente para incidir sobre el rumbo de la política nacional. Y el segundo por muchos motivos, pero centralmente por restituir el lugar clave de la política y recrear una gramática movimentista de hacer política, que les otorgaba a las organizaciones un lugar clave en la gestión. Esto permitió que esa visión sobre el peronismo no quedara como pasado, sino como práctica desde la cual volver a hacer política. Este viraje fue decisivo para el crecimiento de las organizaciones, para su incorporación en la formulación e implementación de políticas públicas y en su incorporación como legisladores al Congreso en sus diferentes subniveles.

El macrismo encontró a las organizaciones -valga la redundancia- sumamente organizadas, con recursos, saberes y alianzas con diferentes fracciones de las elites políticas que les permitió rápidamente construir el Frente de Todes.

Desde 2019, la situación es otra en varios sentidos. Por un lado, la oportunidad de construir el Frente de Todes les brindó a las organizaciones nuevamente un lugar expectante en las listas legislativas y luego en la ocupación de cargos de ejercicio público. Sin embargo, a diferencia del peronismo clásico e incluso del kirchnerismo, el gobierno del Frente de Todes es un gobierno de coalición y esto implica una novedad para las formas de hacer política conocidas.

En principio, no toda coalición responde al mismo modelo de construcción política, por ejemplo no en todas hay un “jefe” unificado, sino que puede haber diferentes conducciones con cursos de acción diferentes; que estos se encuentren depende en parte del acuerdo que puedan tener los dirigentes. Pero además, también podemos encontrarnos con que no todos los dirigentes de los sectores que participan de la coalición pueden participar de esa mesa donde se toman decisiones sobre el rumbo de acción.

Frente a esta situación, las organizaciones profundizaron una estrategia que ya habían impulsado en los últimos años del ciclo kirchnerista: construir una alianza con las representaciones de los trabajadores asalariados -registrados y no registrados-. Así esos vínculos que se tejieron entre organizaciones sociales y la CGT alrededor de 2012 y que se fortalecieron durante las movilizaciones contra la política de Cambiemos entre 2016 y 2018, hoy se evidencian, entre otras, en la iniciativa del Plan de Desarrollo Humano, donde principalmente la CGT y la UTEP están tratando de elaborar un programa orientado a reorganizar la clase trabajadora reinventando la idea de los planes Quinquenales.

Tal vez en las vísperas de un nuevo 17 de octubre haya que transitar de nuevo esa palabra con toda su magnitud histórica para pensar que la lealtad fue la excusa de un pueblo decidido a luchar por la bandera de la justicia social.

 

*Ana Natalucci: Investigadora Adjunta del CONICET con sede en CITRA/UMET y Docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

También podés ver...

El 17 de octubre, la masa y el simulacro

Por Diego Murrone. |