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Esperando el 17

*Por Edgardo “Edy” Binstock |

Diseño: Cooperativa Gráfica del Pueblo

Pertenezco a la llamada generación del 70. Me sumé como muchos y muchas, a las luchas políticas pintando el "Luche y Vuelve" en las paredes.

La vuelta de Perón significaba para nosotros y para la mayoría del pueblo el retorno de la justicia social, el retorno de los "días más felices”. Éramos la "gloriosa Juventud Peronista" forjada al calor de la resistencia a la dictadura, hijos de la proscripción política.

Con el Tío Cámpora llegamos al gobierno y con Perón aspirábamos al Poder. Como en aquel mítico 17 de octubre del 45 donde el pueblo se encontró con su Líder y comenzó a transformar la historia, nosotros, aspirábamos a tener también nuestro 17, culminación de años de resistencia y prolegómeno de un futuro auspicioso.

El 20 de junio del 73 el pueblo peronista, en la movilización más grande que recuerde la historia nacional iba a reencontrarse con su Líder para reiniciar con viejos y nuevos protagonistas la larga marcha por la liberación. La emboscada que las fuerzas de la reacción enquistadas en el movimiento nacional propinaron a las columnas mayoritarias que marchaban bajo las banderas de la JP y los Montoneros, frustraron dicho encuentro y ahondaron las diferencias internas.

Poco tiempo después Perón llegaría nuevamente a la presidencia de la Nación con el 62% de los votos. Un mes antes Salvador Allende era derrocado en Chile ahondando el cerco de gobiernos dictatoriales apoyados por Estados Unidos sobre nuestra patria. La muerte del General Perón dejó sin conducción, dividido y enfrentado al Movimiento Nacional.

En marzo de 1976 una dictadura cívico militar se impuso a sangre y fuego con el objeto de destruir el modelo nacional de desarrollo con justicia social fundado por el peronismo 31 años antes en aquel 17 de octubre de 1945, para aplicar un modelo neo liberal, de dependencia económica, cultural y de exclusión social.

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El 17 de octubre del 45 fue el acontecimiento fundante del peronismo que gobernará 10 años el país y que impregnará la cultura política, económica y social hasta el golpe de Estado del 76.

La movilización popular a la Plaza de Mayo y el encuentro y diálogo con el líder fueron así componentes constitutivos de un estilo de "democracia directa" que estuvo en la génesis, en el ADN del movimiento nacional naciente.

Ese movimiento policlasista se nutrió de diversas tradiciones sociales, culturales y políticas pero su "columna vertebral" fueron los trabajadores.

El peronismo fue así el hecho político disruptivo del país oligárquico, al decir de Cooke años después "el hecho maldito del país burgués".

En el gobierno y desde el Estado construyó las instituciones a través de las cuales redistribuyó la riqueza y fomentó la industria nacional.

Un Estado activo y comprometido con los más humildes, constructor de una nueva institucionalidad basada en derechos sociales para todos y todas y una sociedad movilizada, articulada, organizada en torno a su columna vertebral y vertebrante: los y las trabajadores/as.

Frente al modelo rentista y el discurso individualista se construyó un modelo productivo organizado en torno al trabajo y un sujeto social y político que se organizó e institucionalizó en la comunidad, pero a su vez fue protagonista en el seno del Estado. Frente a la idea liberal de la delegación se propuso el protagonismo de los actores sociales. El trabajo humano y su protagonista: el trabajador/a se encontró en el núcleo de la trama social y discursiva del peronismo.

Pasaron 75 años de aquel hecho fundante y 44 años del golpe de estado, la acción destituyente y desestructurante de esa sociedad. La hegemonía del capital financiero combinado con el brutal cambio tecnológico y un discurso del culto al consumo, al deseo de consumo y al sujeto social hecho individuo consumista buscó y busca desarticular nuestra trama social.

El discurso que inauguró el retorno a la vida democrática "con la democracia se come, se educa y se trabaja" resultó una gran frustración profundizada en estos últimos cuatro años.

En el período que va del 2003-2015 primero con Néstor y luego con la profundización y el liderazgo de Cristina Kirchner, se repuso al frente del Estado una política nacional y popular que, con sucesivas reformas, buscó reconstruir un horizonte de desarrollo nacional con inclusión social. Pero fundamentalmente, al decir de Néstor Kirchner, se recuperó "la autoestima de los y las argentinos/as" es decir la política como herramienta transformadora, su gran legado.

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Enfrentamos un escenario global crítico, Covid-19 mediante, una América Latina con gobiernos adversos, y sectores de la sociedad cada vez más violentos instigados por una porción de la oposición, expresión de grupos económicos concentrados, dispuesta a sabotear al gobierno y a las instituciones de la democracia sin miramientos. Carentes de principios, cínicos, los nuevos viejos "profetas del odio” vienen por todo.

La destrucción nacional, la fragmentación y desigualdad social más la pandemia hacen de nuestra conmemoración un acontecimiento diferente a todos los conocidos, "virtual" y con "distancia social". Por eso, debemos plantear nuestra propia agenda. ¿Qué generación, que dirigente/a no quiere tener, protagonizar su "17 de octubre"?

¿Será esta nuestra oportunidad de reeditar aquel hecho político fundante, que propicie un acuerdo social, amalgame sectores, actores sociales, dispuestos a sumarse al valor más importante que tiene hoy el Movimiento Nacional: "la unidad"?

Dicen que de "los laberintos se sale por arriba". Necesitamos un horizonte, que exprese claramente los objetivos del proyecto nacional, federal, territorial con protagonismo social; una conducción con capacidad y voluntad política de liderar y un movimiento organizado en su diversidad.

Otra Argentina no solo es deseable, sino "necesariamente" posible.

*Edgardo “Edy” Binstock
Militante político, sociólogo, ex secretario de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires.

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