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Enfermeras, partos y derechos en tiempos de coronavirus

Un día en la vida de Fabiola, jefa de Enfermería del Servicio de Obstetricia en el Hospital Rivadavia y también secretaria adjunta de ATE, gremio que ha reportado alrededor de 500 trabajadores infectados entre la atención de salud pública y privada. Además, dos enfermeros fallecieron por Covid-19.

Por Fabián Waldman

Fabiola vive en Rafael Castillo, partido de La Matanza, provincia de Buenos Aires. Desde hace 26 años trabaja en Recoleta, uno de los barrios más distinguidos de la ciudad de Buenos Aires.

Es jefa de Enfermería del Servicio de Obstetricia en el Hospital Rivadavia, un edificio que data de 1887 y tiene todas las características de esa época,  con una estructura "apabellonada", espacios grandes azulejados y poco amigable.

También la estructura edilicia muestra el derrumbe de los hospitales públicos y el abandono de la mano de la baja de un presupuesto que cayó del 28% al 22% en 12 años: paredes descascaradas, árboles añejos con sus raíces penetrando las baldosas y veredas rotas.

El primero de noviembre de 2019, la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires votó una nueva la ley que regula las categorías y salarios de los profesionales de la salud. A partir de ese día, los enfermeros y enfermeras perdieron algunos de sus derechos y vieron disminuido sus salarios entre un 35% y un 40%.

Fabiola se levanta a las 4:15 horas y a las 4:45 se sube al colectivo hasta Liniers. Desde allí la combinación hasta su destino. Dos horas de ida y dos de vuelta, más la carga horaria de 7 a 14 horas.

Apenas entra al office de enfermería, revisa el parte diario. Conoce el listado de pacientes con COVID-19 y se dedica a organizar las prioridades. Examinan a las parturientas, les realizan el control de temperatura y las envían a realizar el hisopado. Con el resultado positivo la noticia de que deben quedar internadas. Hoy conviven 6 mujeres y entre 3 deben compartir un baño. Las medidas de seguridad deben ser extremas.

Se casó con su primer marido a los 18 años, quien falleció luego de 2 años de convivencia y se quedó sola con un niño de 1 año. Se trasladó desde Bahía Blanca al conurbano y, luego de 6 años de noviazgo, se juntó con su actual pareja con quien tuvo a Carla. Sus dos compañeros, vaya coincidencia, realizaban su trabajo en el mar. El primero en prefectura y el otro en la marina mercante.

Su abuela fue jefa de enfermerxs del Hospital Rivadavia, su madre también abrazó la misma profesión y su hija Carla de 21 quería hacerlo. Pero Fabiola la convenció que tuerza su destino. Ella ya no tiene ganas de seguir adelante, soñaba con ser docente pero la defraudaron, le dieron una cachetada.

Hoy gana 50.000 pesos, luego de un cuarto de siglo, lo mismo que un profesional de planta recién ingresado. Sin los cambios hechos por el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta llegaría a 70.000 pesos. Carla decidió aceptar el consejo materno y está cursando la licenciatura en nutrición.

Según cuenta,  realizar un parto en una situación de pandemia es muy estresante. Hoy nació el quinto hijo de una madre internada de emergencia. Todavía no está comprobado científicamente, pero no hubo hasta ahora casos que ella conozca, en el que se transmita coronavirus desde el vientre ni por medio de la leche materna.

Pese a eso, llevaron al bebé a neonatología y lo aislaron alrededor de cuatro horas, con toda la angustia y el temor que produjo la situación.

Al rato, llegó la calma y la alegría de la mano del berrinche la nueva integrante de la familia.

El gobierno de la ciudad de Buenos Aires siempre resalta la labor de los que "están en la primera línea del campo de batalla". Así lo expresan tanto Horacio Rodríguez Larreta como Fernán Quirós, ministro de Salud. Pero eso no va de la mano con realidad.

Ese ejército sufre constantes bajas por contagios. Inclusive han fallecido dos enfermeros, un compañero suyo del Rivadavia y otro del Hospital Durand. Y no hay nombramientos para reemplazos.

Según datos no oficiales, proporcionados por la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE). existen alrededor de 500 trabajadores infectados entre la atención de salud pública y privada.

Por ese motivo, reclaman la necesidad de contar con los llamados enfermerxs espejos, que realizan los trabajos complementarios. Ellos brindarían ayuda para colocarles de forma correcta las cofias, tapabocas y vestimenta; prepararían las medicinas y las comidas.

Recién hace unos días comenzaron los testeos luego de 100 días de cuarentena. Tampoco cuentan con material de protección suficiente. un ambo profesional al que suman otro hidrorrepelente y un tercero descartable.

Conocí a Fabiola en una asamblea de trabajadores del hospital, en medio de la pandemia y haciendo un alto para reclamar por sus derechos. Con el barbijo tapándole la mitad de la cara, las mejillas hinchadas y los ojos pequeños por el uso de las antiparras de protección.

En 2004 se afilió a ATE. Allí es secretaria adjunta y representa a 500 de sus 1.200 compañeros.

Después de años de mirar de costado la actividad gremial, se convenció que existe una lucha presente en cada necesidad.

 

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