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Elecciones en Estados Unidos y el desafío de una democratización

El investigador Agon Hamza analiza los resultados electorales de los Estados Unidos e identifica los desafíos próximos para una imprescindible democratización del sistema político norteamericano.

Por Agon Hamza*

La elección en los Estados Unidos alivió una serie de problemas, que dificilmente se resuelvan en el mandato del ya elegido Presidente Joe Biden. De hecho, es la victoria de Biden sobre Trump la que plantea un cierto problema en relación con el sistema político americano.

Las dos últimas elecciones demuestran la urgente necesidad de reformar el sistema político y electoral americano. En otras palabras, América necesita una democratización inmediata. El sistema electoral, el del voto popular y el del electorado es un proceso profunda y esencialmente antidemocrático. Si la definición básica de la democracia parlamentaria es aquella en la que el candidato con más votos gana el derecho a gobernar, entonces en América esto sucede con menos frecuencia que en el resto del mundo. Sólo en este nuevo siglo, con el Presidente Bush en 2000 y con el Presidente Trump en 2016, la discrepancia entre el voto popular y el voto electoral permitió que dos candidatos con menos votos populares fueran elegidos presidente. Por lo tanto, la primera urgencia inmediata consiste en la abolición del sistema de voto electoral, como condición previa elemental para el comienzo de la democratización del país.

Los cuatro años de la presidencia de Trump atestiguaron la imposibilidad del sistema americano. Todos hemos esperado la eficacia del principio de "control y equilibrio" entre los poderes en los Estados Unidos de América. De hecho, creímos en la eficiencia del sistema burocrático estatal. Después de la victoria de Trump, hace cuatro años, se esperaba y se creía que gracias a esta eficiencia burocrática, el Presidente Trump tendría las manos atadas y no podría alterar tanto el equilibrio de poder. Pero al final de su mandato, el resultado fue que el Presidente Trump acumuló un tremendo poder en sus manos, pasando por alto, marginando y haciendo insignificantes a las agencias estatales, agencias de inteligencia, e incluso al Departamento de Estado y otros. Esta es la segunda razón, tan importante como la primera, que hace necesaria la siguiente etapa de democratización del sistema político de los Estados Unidos de América. Es profundamente antidemocrático y antisistémico que el destino del sistema político de una superpotencia se deje a la voluntad, los caprichos o las predisposiciones psicológicas de un individuo, como el Presidente Trump.

 

Trumpismo

Una cosa que hay que señalar es que Trump no es una anomalía del sistema político e ideológico americano. Al contrario. Fue un producto directo del mismo sistema ideológico, político y económico que comenzó poco antes de la presidencia de Reagan. En otras palabras, la neoliberalización de la economía y la política, de la vida social y cultural, durante décadas creó el terreno para el surgimiento de una figura, que se convertiría en el principal marcador de la insatisfacción popular y social con los resultados de las políticas neoliberales. Visto de forma retroactiva, Trump era una necesidad.

El Partido Demócrata de los Estados Unidos ha estado experimentando una transformación fundamental durante muchos años. Ideológica y programáticamente, cada vez que va más a la derecha. Primero se transformó en un partido liberal, y ahora se ha convertido en un instrumento de la burguesía americana. Para eliminar los dilemas sobre esto, basta recordar un hecho: en la última campaña presidencial, Wall Street, las corporaciones y el gran capital, se pusieron en apoyo del ya elegido presidente Biden. El absurdo no se detiene aquí. El Partido Republicano, tradicional e históricamente el partido de derecha, que representa y defiende los intereses del capital, la burguesía y las corporaciones, se ha convertido (¡sólo!) en la voz de la clase oprimida, la clase obrera, la clase media, etc.

El caso de Bernie Sanders es el mejor ejemplo para ilustrar esto. Aunque se autoproclama como socialdemócrata, su programa político no puede calificarse más que como un socialdemócrata muy moderado. De hecho, es más derechista que el de Olof Palme en Suecia durante su gobierno. El establecimiento del Partido Demócrata, dirigido por Nancy Pelosi, declaró abiertamente que para evitar y pasar por alto a Bernie, estaban de acuerdo incluso con un mandato del Presidente Trump. En la configuración política americana, sólo Bernie era y es la verdadera alternativa a las políticas de los demócratas y los republicanos. No es exagerado decir que si Bernie hubiera sido habilitado para hacer campaña por el Partido Demócrata en 2016, Trump no habría sido Presidente. Cada encuesta creíble y cada análisis sociológico de las relaciones económicas y sociales es una prueba de esta hipótesis.

 

La victoria de Biden

El Presidente Trump perdió. Son muy buenas noticias. Este es un golpe muy poderoso a la (extrema) derecha en todo el mundo. El espectáculo de la humillación de Trump y la desmoralización y el colapso de la base de extrema derecha en los EE.UU. no puede sino ser buenas noticias. Además, a partir de ahora, muchos republicanos han comenzado a distanciarse de Trump, lo que hace la situación aún más ridícula.

Pero incluso en el Partido Demócrata la situación es tensa. La batalla entre el establishment por un lado y el movimiento de Bernie y de Alexandría Ocasia-Cortez se ha vuelto muy feroz.

La presidencia de Biden, creo, será relativamente débil. La debilidad no será sólo una consecuencia del bajo margen de victoria, o del senado, donde los Demócratas tienen sólo un senador más que los Republicanos. No olvidemos que Mitch McConnell será la autoridad determinante en muchas políticas de los próximos cuatro años. Pero la principal debilidad de la administración Biden se deberá al aspecto programático e ideológico. Realmente, ¿qué representa Biden, a nivel programático? Una pregunta que casi nadie puede responder. Por supuesto, si la respuesta no es con la frase vacía de un "retorno a la normalidad" - lo que hace la situación aún más ridícula, porque un retorno a la normalidad pre-Trumpiana es materialmente imposible. Trump perdió, pero el trumpismo seguirá siendo la instancia ideológica determinante incluso en la administración Biden. La victoria de Biden no es un punto de inflexión histórico, ni es un regreso a la tradición de la política en América de la que Trump supuestamente se desvió. Ella ya está permanentemente perdida.

A pesar de todo, hay esperanza para la administración Biden. Los próximos cuatro años pueden crear un espacio para "respirar". La batalla ideológica dentro de los Demócratas continuará e intensificará. Sin embargo, si el ala AOC / Bernie no toma el control del Partido Demócrata durante estos cuatro años, un nuevo Trump vendrá al timón de la Casa Blanca, y lo más probable es que sea aún más de derecha. Es bueno recordar que Trump fue exclusivamente un producto de las políticas e ideología americana de las últimas décadas, especialmente la de la presidencia de Obama.

*Filosofo kosovar, miembro del Partido Autodeterminación. Autor de Repeating Zizek y Reading Marx, junto a S. Zizek y F. Ruda

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