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El hecho maldito: persistencia de lo colectivo en el devenir argentino

Ensayando una sutura provisoria, Federico Bauso Beltrán afirma que lo colectivo persiste desde los espacios que reaccionaron frente a la materialidad de la afrenta de la gestión macrista a las condiciones de existencia de lxs trabajadorxs. “Y persiste –asegura–, primero, desde posicionamientos reivindicativos en lo sindical" y, luego, a partir de la lucha política.

Por Federico Bauso Beltrán*

Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades.

J. L. Borges, “El jardín de los senderos que se bifurcan”, 1941.

 

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Después de ver cómo torturaban a su hijo Hipólito, José Gabriel presenció el martirio de su mujer, Micaela. A ella, le cortaron la lengua, la apalearon y la ahorcaron, echándole una soga al pescuezo. También, le propinaron patadas en el estómago y los pechos. Así, murió. No fueron más clementes con él. Además de extirparle la lengua, lo ataron de sus pies y manos con cuatro lazos anudados a las cinchas de cuatro caballos que tiraban a cuatro distintas partes. A pesar del intento, no pudieron dividirlo. Por esto, terminaron cortándole la cabeza. Después, a los cuerpos inertes de Hipólito, Micaela y José Gabriel se le sacaron los brazos y los pies; y estos fragmentos fueron enviados a diversos pueblos, como advertencia y pedagogía siniestra. Que nadie osara rebelarse a la avanzada de la modernidad.

Tres años antes de que Immanuel Kant (1784) se interrogara sobre qué era la Ilustración –como potencia epocal-, José Gabriel Condorcanqui Nogueira moría decapitado –previo intento de desmembramiento por tracción a sangre– en mano de los ocupantes españoles y las castas privilegiadas del Virreinato del Perú. Condorcanqui Nogueira era también conocido como Tupac Amaru II, Inca Rey del Perú, Señor de los Césares y Amazonas; y encabezó uno de los levantamientos más trascendentes de los sectores populares de América del Sur con la pretensión de instaurar una monarquía incaica capaz de integrar y reconocer con un sentido de unidad (¿“nacional”?) a las clases, las castas, culturas y razas que componían la realidad del Perú de fines del siglo XVIII (problemática que, más adelante, retomará desde una perspectiva marxista, José Carlos Mariátegui, en torno a la cuestión indígena).

De esta forma, se impone interrogarnos hasta dónde las matrices de análisis europeocéntricas son útiles para pensar nuestra realidad atravesada por siglos de dominación en manos de quienes se embanderaron y pregonaron el proyecto iluminista. Por nuestra parte, entendemos que el devenir en los países latinoamericanos ha estado con frecuencia tensionado por esta oposición entre aprendizajes extranjeros y la valoración de lo propio. En este sentido, las nociones de “lo propio” y “lo foráneo” se argumentaron (y se argumentan) como análogas de “lo antiguo” y “lo nuevo” en el marco de las avanzadas modernizadoras. Lo que se propone, como ya planteó Alcira Argumedo (1996), es delinear los contrastes del desarrollo de las metrópolis centrales y los países periféricos, “los silencios y la ausencia de nuestro propio drama en el pensamiento clásico de Europa; los relatos que se fundamentan en ópticas liberales de progreso y civilización” (p. 18).

A nuestro entender, está en la particularidad latinoamericana, como matriz productora, la trama para leer, en la actualidad, el despliegue de los procesos políticos, culturales y sociales. En este movimiento, no proponemos una lectura lineal sino, como plantea el cuento de Borges reseñado al comienzo, un perpetuo juego de temporalidades divergentes, convergentes y paralelas que fueron las que gestaron procesos híbridos. Se trata de hacernos de los cristales necesarios para vislumbrar las fisonomías de las subjetividades y los procesos colectivos contemporáneos, en estas latitudes. Discernir esos fenómenos malditos, subterráneos, que persisten y se trasvasan entre generaciones. Que resisten y no se encuadran en las propuestas teóricas del occidente europeo. “Esas mezclas populares (que) rebosan de un vitalismo y una creatividad que habrán de impedir su desaparición” (Casullo, 2018, p. 42). Entonces, ¿Podemos encontrar vasos comunicantes entre la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y la Rama Femenina del Partido Justicialista creada por Eva Perón? ¿Hay un vínculo que conecta a los obreros anarquistas inmigrantes de principios de siglo con las montoneras que los antecedieron y con el movimiento sindical argentino que los precedió?  

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En el marco de la particularidad argentina y esos fenómenos profundos transhistóricos que se remontan a las hibridaciones populares como formas de sincretismo y creatividad, y son generadores de racionalidades actuales, nos interesa recomponer las formas de organización y procesos de acción colectiva de “los de abajo”. Más específicamente, nos congrega hacer eje, desde este encuadre, en el accionar sindical argentino como botón de muestra de procesos más generales que resisten, en la actualidad, una nueva oleada modernizante y (neo) liberal. Subsolar esta dimensión, interrogarse sobre las relaciones de lxs trabajadorxs y sus espacios colectivos, es parte del movimiento más amplio que venimos desarrollando. Recuperar esos fenómenos malditos, ilegibles desde ciertas estructuras de pensamiento y que, a pesar de las reiteradas ocasiones de entierro, persisten.

Desde la “primavera democrática” de Alfonsín (proyecto de Mucci) hasta la persecución e impugnación publica del gobierno de la alianza Cambiemos a dirigentes gremiales y organizaciones sindicales, pasando por la puja del menemismo contra el ubaldinismo en la interna de la CGT en la década del noventa; el sindicalismo argentino es criticado desde diversos ejes, la más de las veces atravesados por tonalidades clasistas que reponen las dicotomías ordenadoras de antaño (civilización/barbarie, orden/desorden, racionalidad/irracionalidad, nuevo/anacrónico, etc.) pero, también y entonces, en lxs trabajadorxs y sus agrupamientos ¿no se manifiesta una continuidad que se enraíza en las formas de organización y subjetividades históricas en nuestro país? ¿No hay algo de ese hecho maldito original colectivo que, hoy, resiste y persiste ante las avanzadas (neo) liberales e individualizantes? Una forma internalizada de desdoblarse en la contingencia. Un exceso que también es opacidad, resistencia e integración. Sin ser ley natural, formas gravitatorias que tienden a atraer elementos disímiles. De los procesos de sindicalización en Rappi a la defensa de los derechos laborales frente a las reformas contemporáneas, develar el enigma del hecho maldito argentino es parte de la inmensa tarea de recuperar la memoria histórica de los de abajo.

En este sentido, y ante el ascenso de la alianza Cambiemos al gobierno nacional argentino en 2015, vale preguntarse sobre las formas que asumen las resistencias  ante interpelaciones que tienden a individualizar, atomizar y desarmar las perspectivas sociales solidarias. Es decir, cómo, en la coyuntura actual, frente a un universo laboral que no garantiza trayectos, ni carreras; que celebra lo flexible y liberado, el coaching y el management; y que, más aún, no convoca desde un nosotros inclusivo a lxs trabajadorxs sino como múltiples átomos emprendedores de sí mismos que merecen o no su éxito en función del despliegue individual; persiste lo colectivo. De esta manera, cómo se explica la efectiva resistencia y dinamismo de las organizaciones sindicales, tan ancladas en las fisonomías del siglo XX, con rasgos más o menos burocráticos, ante una gestión nacional que pregona fervientemente la propaganda neoliberal y un capitalismo global que tiende a producir subjetividades otras.

3.

Ensayando una sutura provisoria, afirmamos que lo colectivo persiste desde los espacios que reaccionaron frente a la materialidad de la afrenta de la gestión macrista a las condiciones de existencia de lxs trabajadorxs. Y persiste, primero, desde posicionamientos reivindicativos en lo sindical y, luego, con la profundización del modelo económico; a partir de la lucha política.

De esta manera, entendemos que  las organizaciones sindicales, con sus tiempos y sus déficit pero, también, con su mecánica y potencia, en el contexto actual, funcionan como el actor más dinámico en la oposición a la racionalidad neoliberal impulsada por el presidente Mauricio Macri y su gabinete. A su vez, evidenciamos que son estos espacios quienes disputan, en la práctica y por medio de la acción colectiva, el sentido por la reivindicación de lo social como un más allá de la suma de las individualidades y fortalecen procesos de participación creando comunidad en lo corporativo. Así, rastrear las líneas profundas que performan nuestra realidad política actual implica “meterse en el barro” y discutir con las teorizaciones que, desde supuestos postulados progresistas, no dejan de estar asentadas en profundos prejuicios clasistas o realidades ajenas. El sindicalismo argentino, como modelo particular de estudio, congrega múltiples dimensiones de las formas de agrupamiento y apropiación de lo social que pueden ser rastreadas en la profundidad de la historia argentina y latinoamericana. De la CGT al 21 F, de la CTEP al trabajo vía APPs; la recuperación de la memoria histórica de las luchas y peleas de los sectores populares corren el velo de las modas teóricas y las miradas de clase sesgadas para imponerse como realidad efectiva. Todxs unidxs triunfaremos.

 

Bibliografía

 Argumedo, A. (1996). Los silencios y las voces en América Latina. Buenos Aires: Ediciones del Pensamiento Nacional.

Casullo, M. E. (2018). “El perpetuo viaje hacia la barbarie” en Torre, J. C. et. al. ¿Volverá el Peronismo? Buenos Aires: Capital Intelectual.

 

 *Licenciado en Ciencias de la Comunicación.

Ilustración: Ricardo Carpani.

 

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