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“El gusto del vidrio” se lee en El último lector

El cuento del escritor, periodista y docente Walter Lezcano, nacido en Corrientes en 1979, en la madrugada de FM La Patriada con Seba Ronchetti. Además de contar con una obra que incluye novelas, cuentos y poesía, y de colaborar en distintos medios de comunicación, Lezcano publicó en 2018 Días distintos, la fabulosa trilogía de fin de siglo de Andrés Calamaro (Gourmet musical), un ensayo sobre los discos Alta suciedad, Honestidad brutal, El Salmón.

EL GUSTO DEL VIDRIO  (*)

Mi padrastro me había echado de casa porque, otra vez, estaba sin trabajo. Quería que yo aporte para los gastos y sin laburo no tenía guita como para arrimarle una moneda. No puedo bancarlos a todos, me dijo. Todos éramos mi vieja, mi hermanito recién nacido, él y yo. Le conté a Sol como venía la mano y ella, casi sin pensarlo, me dijo venite a casa y la seguí.

Me sorprendió esa decisión, esa manera de resolver el bardo en dos patadas. Hacía poco que nos veíamos y, la verdad, no pensaba en ella como mi novia ni nada parecido. Era una minita que me daba cabida y nada más, y estaba buenísimo que pasara eso. Pero ella puso los puntos y se la jugó: marcó la cancha y yo me tuve que poner a tiro con esta situación.

Cuando llegué a la casa fue raro porque nunca me habían presentado como novio frente a ninguna familia. Yo estaba parado en el living con una bolsa de consorcio en la que tenía dos remeras, un pantalón de jean y un calzoncillo. Eso era todo. Miraba la pared y las fotos colgadas: todas del papá de Sol, al que habían matado en un robo al banco donde él trabajaba de seguridad.

Mamá ya viene, me dijo y yo me puse nervioso porque miré cómo estaba vestido: jogging, remera y unas topper negras con un agujero en el talón. Si me hubiese puesto el jean… Pero ya no daba para pensar eso. ¿Te querés sentar?, me dijo Sol y le contesté que sí. Cuando me acomodé en el sofá amarillo se escuchó el ruido de la reja de entrada. Mamá, dijo Sol.

La mamá de Sol se llamaba Irma y me saludó lo más bien. Miró la bolsa de consorcio, me preguntó cuántos años tenía y de dónde conocía a Sol. Después se fueron a la pieza a hablar. La madre iba adelante y Sol se dio vuelta y me hizo un gesto que quería decir “quedate tranquilo que va estar todo bien”.

Cuando salieron la madre fue directo a la cocina, sin mirarme. Sol vino hacia mí con una sonrisa. Yo no sabía muy bien cómo sentirme. La abracé y le dije al oído gracias, mi amor. Era la primera vez en mi vida que pronunciaba esa palabra: amor.

(*) "El gusto del vidrio" forma parte del libro de cuentos Los Wachos, publicado por la editorial Conejos en 2015.

Fuente: El último lector - FM La Patriada. 

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