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El 17 de octubre, la masa y el simulacro

Por Diego Murrone. |

Diseño: Cooperativa Gráfica del Pueblo

Este aniversario del 17 de octubre transcurre en un trasfondo político caracterizado por dos elementos: la pandemia y una feroz embestida antiperonista.

Si queremos mirar las cosas más de cerca, la pandemia es en verdad la oportunidad para tal embestida, ya que le proporcionó a la recientemente derrotada coalición opositora la ocasión para seguir reclamando para sí los significantes de la libertad y de la república después de atentar sistemáticamente contra las realidades a las cuales  estos significantes deberían referir durante 4 años de lamentable gobierno.

Es la expresión, asimismo, de la más absoluta irresponsabilidad política, ya que tensionan la convivencia democracia en el momento más crítico del padecimiento social. En su núcleo dirigencial, ésta oposición es en verdad un consorcio de empresas, a las cuales se someten políticos oportunistas que buscan capitalizar el odio durante años impregnado sobre el peronismo. Éste, y no otro, es el comportamiento que cabe esperar de ellos como oposición. Saben que han sido rechazados por la voluntad popular siendo gobierno y que la victoria pertenece a un peronismo unido. Por eso su táctica es romper el peronismo. Sólo sobre un escenario de representaciones políticas fragmentadas pueden volver a encontrar su ventaja. 

Pero hay algo más. Lo que está haciendo hoy la oposición no tiene tanto que ver con perfilarse para las elecciones del año que viene (para lo cual deben resolver muchas cosas antes), sino con impedir las transformaciones que el gobierno debe realizar para volver a darles un futuro a los argentinos. Por eso convoca a la movilización permanente, en un pacto tácito entre los movilizados y los medios monopólicos, que oportunamente titulan las consignas de la movilización según su propia agenda opositora. Su prioridad es mantener las condiciones institucionalizadas de un país para pocos. Ésta “nueva derecha” movilizada (y no es un fenómeno sólo local) busca legitimarse en la calle, con su propio poder de movilización. Buscan, al igual que aquel director de teatro retratado en el Fausto de Goethe, “dominar a la masa por medio de la masa”.

Pero la masa no es un dato cuantitativo. No entender esto es parte de los prejuicios que acechan su comprensión. La masa es cualidad. Supone niveles internos de organización social, se forma laboriosamente a lo largo de la historia, es un proceso de síntesis político mediado por un sin número de actos de resistencia, de concientización, de negociación, de convicción. Su mecánica se expande capilarmente en el cuerpo social en cada acto en el cual los de abajo se organizan para enfrentar a los de arriba. Es un cuerpo múltiplemente constituido por la organización de este poder ascendente. La masa no es espontánea, ni manipulable, ni irracional. Mucho menos la respuesta masiva a convocatorias mediáticas.

La masa es aprendizaje táctico, memoria viva de lucha. Su ontología es esquiva: solo existe cuando irrumpe en la vida pública, pero lo hace como sujeto histórico. La masa requiere liderazgo, produce liderazgo, porque acumula su poder en el liderazgo. Pero el fin que busca la masa no es el poder, sino la nación. Quiere su inclusión en la vida política de la nación. No hay masa sin exclusión instituida, y la exclusión instituida priva a la masa de la experiencia institucional de lo público, de la vida en común.

Frente a la masa, las instituciones condicionadas por el statu quo son una pura positividad muerta. La masa exige vivificarlas por dentro, instituirse públicamente y el peronismo es la experiencia política de la masa que quiere ser nación. Quiere la transformación de las instituciones que impiden el desarrollo organizado del trabajo y de la producción. Quiere una institucionalidad en la cual y a través de la cual el esfuerzo del pueblo cristalice en el bienestar y la felicidad pública.

Lo que quiere la masa es simple, pero incompatible con un orden de castas y privilegios. Por eso la masa no es un dato puramente cuantitativo ni tampoco puede clonarse, sino solo simularse. No hay dos masas. Están los de abajo y están los de arriba. Esto también es simple.

Pero la simulación a la que asistimos no carece por esto de realidad y efectividad. Y la derecha, por definición, siempre busca movilizar más de lo que representa. Y hay muchos argentinos que están en una situación desesperada. El gobierno debe hacer lo imposible por contenerlos y ayudarlos a salir a flote. Por lo demás, nunca debe olvidarse que la unidad del peronismo fue lo que permitió terminar con esa etapa negra de la historia Argentina que fue el macrismo y que también será lo que nos permita atravesar este momento difícil. Nos lo merecemos. En la unidad hay lugar para todas y todos. En la unidad hay futuro.

Feliz Día de la Lealtad.

*Diego Murrone
Proyecto Comunidad

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