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Economía en la línea de largada

Los desafíos del gobierno que viene tras cuatro años de valorización financiera.

Por Nicolás Pertierra*

La situación productiva que deja el gobierno de Macri es calamitosa. Durante los últimos cuatro años fue mucho más rentable ahorrar en moneda extranjera y apostar a la valorización financiera que desarrollar nuevos proyectos de inversión para generar más valor agregado, nuevos puestos de trabajo y mejoras en la productividad. Por eso no llama la atención que el PBI Industrial para los primeros seis meses de 2019 sea un 13% más bajo que en el primer semestre de 2015. El arrastre que deja para el próximo gobierno es de una caída de -7,6% sólo en 2019.

Sin embargo hoy tenemos una tasa de desempleo cercana al 11% que todavía es baja en términos históricos si se compara con el nivel de desempleo de la década de los 90. Luego de la crisis del tequila en 1995, la desocupación se había disparado al 18% y nunca pudo mejorar más allá de un magro 12%. La novedad de este proceso es la velocidad con la que se ha deteriorado el salario y por ende el principal componente del PBI que es el consumo interno pero con un desempleo que no llegó a ser un récord histórico.

El aparato productivo asociado al mercado interno que está integrado principalmente por pequeñas empresas y cooperativas productoras de bienes y servicios, trabajadores por cuenta propia, comercios, etc. hizo un gran esfuerzo por sobrevivir y llegar hasta el día de hoy evitando cierres y despidos de personal. Y la razón principal es que lxs distintxs actores resistieron para no tirar por la ventana las máquinas que pudieron conseguir, los trabajadores que lograron capacitar y, a pesar de las pérdidas, no dinamitaron el capital con el que contaban a la espera de un cambio en las prioridades del modelo económico que los pusiera nuevamente en escena y pudieran desplegar el potencial productivo que tienen acumulado.

Nuestra industria hoy tiene puesta la primera marcha del auto con el pie en el embrague, esperando que se ponga en movimiento un mecanismo que conecte el motor con el resto de la transmisión y empiece a funcionar hasta recuperar la velocidad de crecimiento que debe tener la economía argentina. Ahora bien ¿Cuáles son esas fuerzas que pueden levantar el pie del embrague armoniosamente y le den comienzo a un ciclo virtuoso de acumulación?

Lo primero es reinstaurar la previsibilidad que se ha perdido por completo. Con los altos niveles de inflación que tiene la economía argentina es imposible prever con certeza cuál será el valor de los insumos a reponer el mes siguiente, y para las familias es muy difícil saber a ciencia cierta cuánto deberán pagar el kilo de pan, de papa y cebolla o un paquete de fideos. Una economía en esas condiciones queda virtualmente paralizada. Y el fenómeno que estuvo atrás de cada pico inflacionario fueron las sucesivas devaluaciones en abril y septiembre de 2018, marzo y agosto de 2019.

La enorme volatilidad del tipo de cambio no tiene otra explicación que la completa desregulación del mercado cambiario y financiero que sometió una variable clave para la determinación de los costos y la canasta básica a la dinámica de la entrada y salida de capitales. Con todas las condiciones habilitadas para la fuga del excedente económico hacia el dólar, era muy previsible que esta dinámica condicionara toda la estabilidad macroeconómica. El actual esquema de control de cambios, mucho más restrictivo que el que dio por finalizado Macri en los primeros días de su mandato, es una herramienta que ayuda a restablecer algo de la certidumbre necesaria para la reactivación.

Sin embargo, la decisión de Macri fue liberar la mayoría de los precios regulados una vez definida la elección por lo que en los próximos meses no hay espacio para una reducción abrupta de la inflación y los precios relativos seguirán reacomodándose significativamente. Para dar un marco de previsibilidad mayor va a ser necesario un espacio de acuerdo amplio entre distintos sectores sociales y políticos donde no se definan únicamente un esquema de precios y salarios sino también se incorpren esquemas de desdolarización tarifaria, reformas impositivas que aumenten la progresividad de los ingresos fiscales para atacar el drama de la desigualdad y la concentración cada vez más excesiva de la riqueza, incentivos a las exportaciones y mecanismos de retenciones que favorezcan la agregación de valor a las materias primas entre otras políticas que sostengan la producción y el trabajo local.

En esa mesa también debería discutirse si los consumos suntuarios de un sector muy reducido pero con un muy concentrado poder de compra va a seguir accediendo a esos bienes de la misma manera que una empresa requiere un insumo para agregar valor en el país. La administración de la escasez de dólares será un tema fundamental sobre el cual será necesario generar un consenso para darle estabilidad en el largo plazo a todxs lxs argentinxs.

Si pretendemos generar un acuerdo de estabilidad sostenible no puede estar fuera de esa agenda la desigualdad en sus distintas formas. Por lo tanto, se deberían incorporar políticas laborales que incorporen estas demandas como las licencias por paternidad y el mejoramiento de la infraestructura para cuidado.

En otros rubros pueden considerarse mecanismos de financiamiento no bancario para fortalecer y capitalizar los emprendimientos que quedan relegados del sistema bancario tradicional donde las organizaciones sociales con inserción territorial pueden hacer de puente entre trabajadores autogestionados y empresas PyME financiando la adquisición de bienes y servicios dentro del sector de la economía autogestiva.

La reducción de la desigualdad, la efectividad de la política fiscal (entendida como aquella que maximiza la generación de puestos de trabajo por cada peso destinado) y la restricción externa (pensar en incentivar los sectores que pueden sustituir importaciones o tengan baja demanda de insumos importados) son tres componentes que deben ser transversales a todas las áreas de la política pública.

El costo de haber funcionado por debajo de nuestras posibilidades durante tantos años nos dejó una acumulación de problemas sociales y productivos que comprometieron hasta la sostenibilidad de deuda pública que considerábamos un obstáculo que no iba a ponerse nuevamente en el medio del camino del crecimiento. Sin embargo, habiendo llegado hasta acá, el sector productivo está listo para sacar el polvo de arriba de las máquinas, subir las perillas y prender su economía. Es el desafío de todxs sentar las bases para esta nueva etapa.

*Economista, Proyecto Comunidad.

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