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Carta desde Italia en tiempo de coronavirus

Potere al Popolo es una organización de base que tiene representación en diversos estados italianos. A continuación reproducimos la Carta a las Organizaciones Sociales y Políticas que han emitido. La experiencia italiana muestra la necesidad de que las fuerzas populares salgan de la discusión sobre el control social y la responsabilización a los individuos y avancen en medidas que potencien la organización colectiva y la elaboración de demandas que protejan a los sectores populares en sus condiciones de trabajo y formas de vida, en lugar de ceder a las presiones corporativas de diversos sectores de la economía.

Queridos amigos y amigas,

La situación de propagación del coronavirus nos sitúa en un escenario nunca visto. Aunque algunos gobiernos siguen despreciando la gravedad de la amenaza (en especial Estados Unidos), la Organización Mundial de la Salud  (OMS) ha declarado oficialmente el COVID-19 una pandemia, y más gobiernos están empezando a darse cuenta de la magnitud de la amenaza que supone.

Italia es, ahora mismo, el segundo país con más casos después de China, con más de 10.000 casos confirmados y más de 1.000 personas muertas, cifra que va en aumento. Por este motivo, Italia puede ser vista como la prueba para valorar cual es la posible afectación del virus en el Norte Global. La situación está avanzando muy rápidamente y generando mucha confusión. Sin embargo, nos parece conveniente compartir unas breves reflexiones en relación con ciertos aspectos de la crisis: el enfoque del estado en relación a la expansión del virus, las medidas gubernamentales, las luchas sociales resultantes y nuestra actuación como organizaciones progresistas.

El COVID-19 es un virus nuevo y ha requerido tiempo a los expertos para ponerse de acuerdo en cómo se debe abordar. Esta confusión, juntamente con la velocidad de la difusión de la información en nuestro mundo actual, ha comportado una abundancia  de recomendaciones y análisis, a menudo contradictorios. Hasta hace una semana, algunas figuras relevantes, entre las cuales personalidades políticas, lo definían como una gripe agravada que solo afecta a la gente mayor con enfermedades previas. No obstante, la gravedad del COVID-19 se ha hecho evidente para todo el mundo en Italia. Y ha puesto contra las cuerdas el sistema sanitario italiano. Esto tiene lugar por tres motivos: el virus se propaga de forma efectiva y rápida; aquellas personas que contraen la enfermedad requieren largos ingresos en la UCI; los recortes y las medidas de austeridad de los sucesivos gobiernos han erosionado la capacidad de un sistema sanitario que, de otra manera, podría haberle hecho frente de forma muy eficaz. Aunque el sistema sanitario de algunas regiones del norte es bueno en muchos aspectos en relación a los estándares europeos, el hecho que el sistema esté gestionado desde el ámbito regional genera una gran disparidad interna. A día de hoy se ha reconocido que la única herramienta efectiva para contener el contagio es la limitación del contacto entre personas. Por este motivo los países afectados han decidido clausurar ciertas áreas o, en el caso de Italia, el país entero.

Las diferentes respuestas dadas al virus en los diferentes países del mundo refleja el equilibrio entre las fuerzas sociales en cada país. En el caso de Italia, el gobierno ha tomado algunas medidas drásticas, aunque la mayoría de ellas podrían haberse tomado antes y muchas otras aun tienen que llevarse a cabo. En particular, ha buscado equilibrar la contradicción entre la amenaza a la salud pública y el interés del capital, generando una respuesta confusa y dando prioridad con demasiada frecuencia al segundo elemento, poniendo en riesgo a la población.

 

El enfoque de la crisis en Italia

El 4 de marzo Italia declaró el cierre de las áreas más afectadas del norte, prohibiendo todo desplazamiento innecesario. Los detalles del decreto se filtraron a la prensa antes de que el gobierno hiciese la declaración oficial, cosa que provocó que centenares de personas acudiesen a las estaciones de tren con la esperanza de coger uno que les sacase de las zonas rojas.

Mucha gente viajó a lo largo del país esa noche, dejando en nada las medidas de seguridad, ya que se estaba trasladando de forma potencial el virus a otras regiones.

El 9 de marzo este decreto  se extendió a todo el país. Se decretó el cierre de los bares a las 6 de la tarde, la prohibición de los eventos públicos y los desplazamientos no esenciales, de forma que toda persona que se desplazase tenía que llevar un formulario detallando los motivos. El cierre de escuelas y universidades se alargará hasta el 3 de abril.

La noche del 11 de marzo, el gobierno anunció el cierre de todos los establecimientos no esenciales. Tiendas de comida, farmacias, oficinas de correos, agencias de noticias y gasolineras se mantenían abiertas. Aun así, en respuesta a la presión por parte de Confindustria (patronal italiana), muchas actividades productivas no fueron incluídas en este decreto. Eso implica que trabajadores y trabajadoras de las fábricas, de call centers i del sector de la logística aún tienen que ir a sus puestos de trabajo.

Este último decreto ha generado la situación de que se prohíbe encontrarse o caminar por el espacio público (excepto en caso de necesidad) y la población se ve forzada a quedarse en casa. Aun así, un sector importante de trabajadores y trabajadoras se encuentran apretados en las fábricas produciendo bienes o servicios no esenciales.

Ha habido muchos informes en relación con las condiciones de trabajo inseguras en almacenes o fábricas. El 9 de marzo, los trabajadores y trabajadoras de la fábrica FIAT de Pomigliano, en el sur de Italia, se declararon en huelga sin comunicación previa como protesta por la falta de medidas de seguridad. Los trabajadores y trabajadoras del centro logístico de Bartolini en Caorso en el norte y de los almacenes de TNT en Caserta hicieron lo mismo. Cada hora hay nuevas informaciones en relación a nuevas acciones de huelga (podéis leer más en  https://poterealpopolo.org/coronavirus-sciopero-ovunque/ ).

Los presos italianos han sido otro de los puntos calientes. El sistema penitenciario italiano hace mucho que está en crisis. Las instalaciones obsoletas y una grave sobreocupación implican que las prisiones italianas violen de forma reiterada la regulación actual. En estas condiciones, las restricciones del gobierno (la prohibición de visitas, la limitación de llamadas a los familiares y de permisos de trabajo hasta el 31 de mayo, entre otras) han desencadenado revueltas en las prisiones de todo el país. Trece personas han muerto durante esas revueltas en circunstancias aún desconocidas. Ha habido informes de un caso de positivo por parte de un guardia de Vicenza y las familias han declarado el temor por los internos, que tienen un acceso limitado a la información y a las recomendaciones. Si “el grado de civilización de una sociedad puede ser juzgado entrando en sus prisiones” (Dostoievsky), Italia no llega muy lejos.

Ahora el gobierno está preparado para anunciar un paquete de medidas económicas. Se dice que puede incluir moratorias de reembolso hipotecario, pagos de suministros básicos y complementos a las compensaciones de despido, pero queda por ver aun si habrá alguna ayuda a las personas autónomas, a los contratos de cero horas o al sector informal.  El gobierno ha destinado 25 millones de euros a medidas extraordinarias en respuesta al coronavirus, pero con la economía italiana a punto de colapsar, es difícil imaginar que esta cantidad suponga una diferencia positiva. La Unión Europea mostró ciertos signos de flexibilidad en su enfoque, hasta que el 12 de marzo el Banco Central Europea se retiró de la provisión de apoyo, aumentando el rendimiento de los bonos italianos.

 

El coronavirus y la ayuda mutua ¿qué podemos hacer para ayudarnos entre nosotros?

Cuando una crisis golpea a una sociedad desigual, son siempre las personas más vulnerables quien más sufre: la gente mayor, los trabajadores y trabajadoras, las personas migradas, las mujeres, las personas con enfermedades. Como Potere al Popolo intentamos encontrar vías para romper el aislamiento y establecer relaciones de apoyo mutuo y solidaridad entre comunidades.

En muchas ciudades hemos establecido un sistema de ayuda mutua para las personas que necesitan apoyo en las tareas diarias, como las compras para tener cubiertas las necesidades básicas (en condiciones seguras).

También hemos creado una línea telefónica nacional para dar apoyo legal a los trabajadores y trabajadoras afectados por la crisis. La línea se puso en marcha hace solo dos días, pero ya ha recibido más de 70 llamadas por parte de trabajadores a los que les han forzado a trabajar en condiciones de falta de seguridad, que han sido despedidos o que trabajan en la economía sumergida y, como tales, se arriesgan a quedar fuera de los planes de apoyo de la crisis por parte del gobierno. Con la información recogida a través de estas llamadas hemos podido planificar nuestras acciones como organización y formular demandas concretas a los empresarios y al gobierno. Todas las llamadas van a ser atendidas en primer lugar por un pequeño grupo de voluntarios y voluntarias profesionales del ámbito público. Después, los contactos se hacen llegar a voluntarias del territorio para poder dar continuidad a este soporte.

Hasta el momento hemos identificado tres áreas concretas de intervención. La primera es el sector logístico. Hemos estado en contacto con trabajadores y trabajadoras de almacenes de Amazon, que nos cuentan que están trabajando más que de costumbre, a causa del aumento de la demanda (personas que hacen pedidos desde casa en lugar de ir a las tiendas), y en condiciones que no se adecúan a las medidas de seguridad establecidas. El segundo son los callcenters. Las empresas que gestionan estos centros han sido reticentes a permitir trabajar desde casa, ya que eso aumentaría los costes por la adquisición de la tecnología necesaria, de forma que los trabajadores y las trabajadoras siguen trabajando en las oficinas aglomeradas. En ambos casos, los abogados y las abogadas han recibido formación para poder hacer las reclamaciones oficiales a los empleados en cuestión, en las cuales exigen que las medidas de seguridad sean implementadas y que los trabajadores y trabajadoras estén exentos de hacer horas extraordinarias.

La tercera área es la de las garantías para los trabajadores y trabajadoras estacionales. Hay una gran cantidad en Italia, particularmente en los sectores de la agricultura y del turismo, pero también en las fábricas. El trabajo estacional es una forma de trabajo precario, ya que el empresario no está obligado a contratar a las mismas personas cada añoacionales tienen acceso al subsidio de desempleo (que no es universal en Italia). Hemos escrito al gobierno y al departamento de seguridad social  preguntando si aquellos trabajadores que no serán contratados este año, producto de la crisis, tienen garantizada la prestación durante todo el periodo extendido de desempleo.

Más allá de aquellos casos específicos, que constituyen ejemplos de la acción concreta que se puede llevar a cabo, estamos haciendo una llamada al gobierno para que garantice los salarios de todas las personas afectadas, incluyendo también las autónomas, aquellas que trabajan sin un contrato formal o los trabajadores y trabajadoras de la gigeconomy. Reivindicamos que todas las personas que hayan perdido su empleo tengan garantizado el subsidio de desempleo, así como la amnistía para todas aquellas que no puedan pagar las facturas de suministros, alquiler o hipoteca.

También reivindicamos que se pare toda la actividad de producción no necesaria (con permiso remunerado al 100% para los trabajadores).

Finalmente, reivindicamos que el estado realice inversiones masivas en el sistema sanitario, contrate más trabajadores y trabajadoras sanitarias con contratos indefinidos, y establezca el control público de la producción de medicamentos y equipamiento médico. Pedimos al gobierno que revierta las medidas de austeridad y que levante el pacto fiscal con la UE. Italia está  afrontando una grave crisis económica. Solo un cambio completo de paradigma, con una inversión importante del gobierno en la economía, los servicios públicos y la creación de trabajo puede salvarnos de los peores efectos de este desastre.

Nuestra respuesta a la crisis, por lo tanto, debe tener tres vertientes: organizarnos dentro de nuestras comunidades para afrontar las necesidades inmediatas; dar apoyo a las luchas obreras desde el territorio (también desdel ámbito legal), y formular demandas políticas estructurales al estado. Creemos que el único camino para salir de este desastre es a través de la construcción de la acción colectiva. Por esto, a todas las organizaciones progresistas que observáis Italia desde la distancia, os animamos a empezar a organizaros para definir demandas para proteger la seguridad y el bienestar de vuestras comunidades

fuente: poterealpopolo.org

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