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Bolivia en el filo: Entre la recuperación democrática y el miedo al fraude

Por Augusto Taglioni | Los bolivianos acudirán a las urnas en un contexto en el que se combinan la expectativa de recuperar la institucionalidad perdida luego del golpe de Estado contra Evo Morales y el temor a la falta de transparencia y posible fraude.

Diseño: Cooperativa Gráfica del Pueblo

*Por Augusto Taglioni.

El MAS logró recuperarse de la dispersión, las internas y el exilio forzado de su líder y construir una propuesta que pudo unificar todas las ramas que representan el espacio que gobernó Bolivia durante 14 años.

El proceso no fue fácil y no estuvo exento de conflictos, ya que la salida de Morales agudizó diferencias entre los que se exiliaron y los que se quedaron haciendo política en el territorio.

En un primer momento, figuras como la presidenta del Senado, Eva Copa, pusieron en discusión la legitimidad de Evo para tomar decisiones desde Buenos Aires mientras ellos se encargaban de reconstruir una institucionalidad destruida post derrocamiento. Al mismo tiempo, esa “ala racional” fue acusada de colaboracionista por aquellos que negaban cualquier diálogo con el régimen y sostenían que la salida de Añez debía darse sobre una movilización popular que no contaba con la fuerza para hacerlo.

Las bases pidieron por el líder cocalero Andrónico Rodríguez y David Choqueuanca pero Evo logró imponer a Luis Arce para interpelar a los sectores urbanos.

La elección de la fórmula no fue sencilla. Las bases pidieron por el líder cocalero Andrónico Rodríguez y David Choqueuanca pero Evo logró imponer a Luis Arce para interpelar a los sectores urbanos. De nuevo la interna entre los exiliados y los que se quedaron en el terreno. Sin embargo, la sangre no llegó y el binomio Luis Arce Catacora y David Choquehuanca pudo contener el concepto de la estabilidad económica de los gobiernos de Evo, la base social indígena y los movimientos sociales pero también la renovación política, ya que, en las listas aparecen jóvenes que serán parte de la discusión política del próximo tiempo como Andrónico Rodríguez o Canela Crespo.

En este tiempo, sufrieron linchamientos, persecuciones, amenazas, represiones con muertes y detenciones arbitrarias que se combinaron con una batería de denuncias que solo buscan embarrar la cancha e inclinar el escenario electoral en contra del MAS.

Gane o pierda, el MAS tiene la certeza que será la fuerza política más votada y muy probablemente logre quedarse con la mayoría en la Asamblea Plurinacional, lo cual, no es menor para una fuerza política que parecía pulverizada, derrotada y desmoralizada.

Esto abre un desafío enorme. En caso de ganar, tendrán que trabajar con prolijidad la relación entre Arce y Evo Morales y lanzar una hoja de ruta que, sin poder retomar la senda de crecimiento de años anteriores, trabaje para sacar al país de la crisis y acercar a los votantes que se fueron luego del referéndum de 2016.

Por el contrario, en un contexto de derrota el objetivo central será que el sentimiento de renovación de liderazgo le gane a la dispersión y no destruya el capital acumulado para afrontar desafíos futuros. Los antecedentes en los progresismo regionales que perdieron el poder no son alentadores.

El único consenso es impedir la victoria del MAS

Por parte de la derecha, el último tramo de la campaña se caracterizó por la decisión de la mayoría de los candidatos de concentrar el voto antiMAS en la candidatura de Carlos Mesa.

Con este objetivo declinaron sus candidaturas la presidenta de facto, Jeanine Añez y el empresario y ex vicepresidente, Jorge "Tuto" Quiroga. Según la última encuesta elaborada por Ciesmori, para la red Unitel, Arce quedaría en el primer lugar, con el 42.2 por ciento de los votos válidos, es decir, sin votos nulos, blancos e indecisos, tan solo a un punto de ganar en primera vuelta, ya que, Carlos Mesa, aparece con 33.1 por ciento.

En una eventual segunda vuelta, la derecha lograría imponerse y de esta manera cumplir con el objetivo de darle continuidad al proyecto golpista. De todas formas, en este campo hay enormes diferencias y, por sobre todas las cosas, juegan los regionalismos. El único consenso es impedir la victoria del MAS.

El partido de Carlos Mesa tiene acuerdos territoriales con Añez pero buscará diferenciarse tanto en una campaña para un balotaje como en el gobierno. El expresidente pretende jugar el rol de moderado progresista y alejarse del perfil nacionalista y autoritario tanto de la presidente de facto como de Luis Fernando Camacho.

El margen con el que cuenta será muy acotado, ya que, la carencia de base de sustentación lo obliga a compartir la gestión con el resto de los actores para evitar que el desenlace de su gobierno sea el mismo que en el 2005.

El que más tiene para ganar en este punto es Camacho. Su negativa a bajar su postulación refleja sus ambiciones y esto es lógico. El ex líder cívico de Santa Cruz tiene juventud, territorio y una narrativa de confrontación que le permitió construir un núcleo duro que lo vuelve competitivo.

Si Mesa es presidente, necesitará gobernabilidad. Camacho podrá negociar condiciones con sus propios legisladores y organizaciones territoriales. Si vuelve el MAS, tiene todas las posibilidades de consagrarse como nuevo líder opositor.

La derecha construyó su relato en torno al golpe de estado de noviembre. Están convencidos de que hicieron una revolución que terminó con el “autoritarismo populista” y que el destino indica que ellos tienen que seguir conduciendo los hilos del país a pesar de la voluntad popular.

Lo que omiten es que más temprano que tarde los responsables de esa “revolución” deberán rendir cuentas por las masacres de Sacaba y Senkata y las violaciones a los Derechos Humanos perpetradas durante estos once meses.

El observador observado

El origen golpista alimenta la hipótesis de fraude y, más allá de la autonomía con la que se manejó el Tribunal Supremo Electoral, habrá que prestar atención a los observadores. ¿Es posible garantizar transparencia con actores como la OEA y las Fuerzas Armadas como principales veedores?

El recuento de votos será determinante y la derecha saldrá con los votos de los centros urbanos a confirmar balotaje cuando es sabido que el voto rural es el que más favorece al MAS y el que más demora en ser cargado.

Volver mejores

El MAS tiene la oportunidad de regresar y corregir errores pero enfrente tiene un enemigo despiadado que está dispuesto a todo.

Sobre esas variables se mueve el proceso electoral. Los comicios pueden cerrar un ciclo triste marcado por la barbarie; pero no garantizarán la clausura de un proceso de agitación política que se extiende sobre un país que está partido, sea cual sea el resultado del domingo.

 

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