Argentina entre el CEOliberalismo y la mafia.  Por Rocco Carbone

Argentina entre el CEOliberalismo y la mafia. Por Rocco Carbone

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jueves, 26 octubre 2017
Ensayos

Los lazos entre la tendencia concentracionaria del capital transnacional y la antigua lógica mafiosa confluyen, para el investigador Rocco Carbone (UGSM-CONICET), en la composición de un fenónemo que debe ser atendido: una “internacional de derechas”, tan novedosa como antigua, constituye una fuerza que impacta en la regresión conservadora en la región.

 

El 10 de diciembre de 2015 (día fatídico por cierto), en la Argentina asumió el gobierno de la Alianza-Cambiemos encabezado por Mauricio Macri. A partir de ese momento, a nivel nacional, se puso en movimiento la larga marcha del CEOliberalismo. Con un condimento: mafioso.

 

UNO. Para tratar de entender cómo el gobierno de Cambiemos –sin haber tenido ningún momento leninista-jacobino (desde ya que postulo un absurdo)– logra articular un momento gramsciano-hegemónico (pues gana en Capital Federal, Provincia de Buenos Aires y a nivel nacional), creo que es necesario reconstruir las declinaciones mayores de un proceso histórico-político latinoamericano que desde mi punto de vista arranca en 1994 o en 1998. El siglo XXI tiene apenas 17 años, cargados de múltiples “borrascas de la historia” del siglo XX. 17 años que en América Latina tienen un punto de continuidad: la democratización. Esa idea que desde un tiempo a esta parte es puesta en crisis en distintas latitudes de nuestro subcontinente y concretamente en la Argentina desde el 15 de diciembre de 2015. La idea de democratización desciende de los procesos democráticos que en los países de América Latina se inauguraron luego de experiencias autoritarias. Esos procesos tuvieron por lo menos dos etapas: la transición a la democracia, seguida por la etapa neoliberal. Alfonsín y Menem para decirlo sintéticamente. El paradigma neoliberal entra en crisis en 1994, cuando surge el Movimiento Zapatista en Chiapas, o en 1998 con la victoria de Chávez en Venezuela. A partir de esos puntos de inflexión se abre un ciclo de impugnación al orden neoliberal como paradigma dominante de acumulación y dominación que sobre su cierre había redundado en varias “crisis presidenciales”. Este orden social se desplomó a fuerza de movilizaciones populares, activismos y lógicas de insurrección callejera que produjeron la caída de gobiernos que, en sus respectivos países, gestionaban de modo neoliberal. En Argentina eso se verificó los días 19, 20 y 21 de diciembre de 2001. Momento político que había sido anunciado ya en 1998 por la Bersuit Vergarabat con “Se viene”: “Se viene el estallido, / se viene el estallido, / de mi guitarra, /de tu gobierno, también”. Pues bien. A los años neoliberales le siguieron experiencias políticas interesantísimas, encarnadas por gobiernos distintos con matices diversos: progresistas, reformistas y alguno revolucionario (Venezuela y Bolivia concretamente). Con esos gobiernos aparece una nueva idea, que tiene que ver menos con la categoría de democracia que con la de “democratización” (sobre esta categoría reflexionó ampliamente mi amigo Eduardo Rinesi). Democratización designa un proceso, un movimiento: de crecimiento, de progreso y de ampliación de derechos. Me parece que este ha sido (y debería volver a ser en un futuro no muy remoto) un signo común y general de la América Latina del siglo XXI: la cuestión de los derechos. Y si bien es cierto que esta cuestión no ha sido representativa de todos los países de nuestra América, lo ha sido de todos aquellos que de algún modo encarnaron modelos sociales y políticos más inclusivos y menos desiguales. Esa experiencia empieza a entrar en crisis con el golpe de Estado en Honduras en 2009, seguido por el golpe de Estado en Paraguay en 2012, y reforzado con el golpe de Estado de Brasil de 2016. Además, se agudiza con el triunfo de Mauricio Macri en la Argentina, a fines de 2015. Entre los primeros actos presidenciales se registra el primer viaje de Macri a Calabria, región del sur de Italia de donde proviene la familia presidencial, y un viaje al vecino Brasil, que tuvo un sentido legitimador: legitimar al Temor (Temer en brasileño).

 

Si acordamos que en la América Latina del XXI podemos encontrar dimensiones que se cruzaron hace poco –democratización, centralidad del Estado y gobiernos progresistas/reformistas y algunos revolucionarios–, también hay que agregar otra variable menos promisoria: la puesta en crisis de esas dimensiones por una derecha más o menos desarmada luego del golpe militar a Chávez (2002), pero con muchos representantes en cada uno de los países latinoamericanos y que en algunos de ellos llegó al poder a través de vías democráticas, como en la Argentina. Señalo esto porque esa derecha latinoamericana ha logrado recuperar a tres gobiernos mediante golpes institucionales, frente a procesos que no habían logrando consolidarse plenamente.

 

Un país como Paraguay, que parece ser más parecido al desierto de las teorías, paradójicamente ha colaborado a acuñar una nueva categoría política e intelectual, gracias a la derecha: “golpe a la paraguaya”. Quiero decir que Paraguay se convirtió en modelo para los golpes institucionales de la derecha, por lo menos en el Cono Sur. De hecho, el golpe que aún está en proceso en Brasil despertó las heridas que hace cinco años marcaron y dividieron a Paraguay. El golpe paraguayo fue señalado como el modelo seguido por esos sectores de derecha neoliberal corrupta brasileña, empecinada en bajar del poder a un gobierno democráticamente electo. Por la vía de ese mecanismo constitucional que se llama juicio político. El llamado “golpe a la paraguaia”, tal como lo nombró la misma presidenta del Brasil, Dilma Roussef, es parte de una familia de operaciones políticas o de tecnologías destituyentes. Familia o tecnologías que configuran y entraman toda una genealogía para los gobiernos de izquierdas en América latina. El de Paraguay fue el segundo de los llamados “golpes blandos” y que tuvo éxito desde el inicio de este siglo. Honduras, Paraguay y Brasil fueron los primeros golpes exitosos porque antes ya había habido otros no exitosos: en Venezuela en 2002 y en Bolivia en 2008, así como hubo después en Ecuador en 2010. En cambio, en la Argentina el conflicto por la renta agraria en 2008 y el caso Nisman en 2015 dieron lugar a amenazas que no llegaron a concretarse, hasta que ese mismo año se produjo el cambio de gobierno en dirección de derecha por vía electoral. Cambiemos asumió con un furcio, el de Vidal, que en medio de los festejos de la primera vuelta dijo “hoy cambiamos futuro por pasado”. Hoy sabemos que ése fue menos un furcio que todo un programa político. Y ese programa tiene un eje articulador universalista que gravita alrededor de la palabra cambio. Una categoría generalista que puede subsumir en su seno tanto a la categoría de revolución como a la de golpe.

 

Detrás de todo este entramado latinomericano hay una derecha en movimiento, en proceso de rearticulación continental/mundial y de retorno. Una derecha que se posiciona en contra de su pérdida de privilegios, que ve como amenaza la más mínima redistribución de la riqueza y que desea plena liberalidad para hacer sus negocios sin las irritaciones que conlleva el aumento de derechos para las grandes mayorías latinoamericanas. Los discursos y las resoluciones de esas derechas son asombrosamente similares. Tanto en Brasil como en la Argentina hay un embate contra el sistema de educación superior y del sistema de ciencia y técnica. Estos procesos de restauración conservadora, negadores seriales de derechos, implican también y quizás sobre todo, una vuelta hacia atrás en términos históricos. Hacia una etapa mucho más remota quizás que los años neoliberales. De hecho, todos los ademanes de las derechas latinoamericanas reactualizan la vuelta de los dueños de la Casa Grande, que al retornar pretenden expulsar al pueblo y arrinconarlo de nuevo en la Senzala. Lo digo a propósito apelando a un viejo título de Gilberto Freyre: Casa grande e senzala

 

Otro elemento que nos demuestra que esa derecha latinoamericana está en movimiento y estado de articulación nos lo corroboran las relaciones bilaterales Argentina-Estados Unidos. Parece que el gobierno de la Alianza Cambiemos tiene el proyecto de comprar armamento militar por más de 2000 millones de dólares a los Estados Unidos con el objetivo de combatir el terrorismo. Hasta 2019 quieren comprar aviones de caza, tanques de guerra, misiles de mediano y largo alcance, helicópteros. Podemos explicar ese plan porque Macri tiene la política de criminalizar la protesta social. Compra armamentos y del otro lado implementa el ajuste, los tarifazos, persigue a dirigentes de la oposición –ahí la tenemos a Milagro Sala encerrada en el penal de Alto Comedero–, se niega a convocar a la paritaria nacional docente, ajusta en ciencia, tecnología, educación. Algo muy parecido pasa en los EEUU. Señalo estos elementos para indicar que enfrentamos poderes que no tienen un tinte nacional sino que forman parte de una ola global. Las derechas tienen una “internacional”, por más paradójico que pueda parecer. Poderes negadores de la vida del campo popular, poderes que temen –y que por ende atacan– la vida concentrada en el campo popular. Porque ese campo está anexado con la organización popular y muchas veces con idearios de vida colectivista que suelen concentrar la utopía de una construcción de sociedades orientadas por ideologías proletarias y a favor de los condenados de la tierra. Esa “internacional” tiene una especificación propia en cada país y su realización tiene impactos negativísimos sobre las condiciones materiales de existencia de las grandes mayorías nacionales.

 

DOS. El CEOliberalismo macrista tiene otro componente muy específico que tiene que ver con la proveniencia de la familia Macri. Pues, el abuelo y el padre del actual presidente de Argentina son calabreses y llegaron a este país post caída del Fascismo en Italia, régimen político con el cual el abuelo de Mauricio había tenido no pocas connivencias. Calabria es esa región de Italia que en su territorio tiene en estado de funcionamiento una organización mafiosa que se llama ‘ndrangheta (se pronuncia ndrángueta). Esa palabra proviene del greco-italiano usado en Calabria y está conformada por anér/andròs –hombre– y agathòs –bello y bueno, entendido como valeroso o corajudo. En los dialectos calabreses da origen a la palabra ‘ndranghita, que italianizada se vuelve ‘ndrangheta. ¿Qué tienen que ver todas estas palabras con la Argentina? Andragathos, ‘ndrangheta e ‘ndrina están ausentes de la lengua y del léxico político argentino, pero reverberan en la teoría del Estado de un año a esta parte.

 

Ndrangheta significa básicamente poder. Espeso, antiguo, confiable. Nació en Calabria y desde ahí se proyecta, aún hoy en día, hacia el resto del mundo. Es una palabra que concentra prestigio, control del territorio y dinero. Se trata de la organización mafiosa calabresa que descansa sobre una estructura familiar y cuyos primeros rastros se registran hacia 1850. Su estructura organizativa se funda sobre la ‘ndrina: la familia natural, que luego se amplía hacia otra familia: la mafiosa. Cada familia desarrolla su actividad sobre territorios muy definidos y de esto desciende que en Calabria, desde la creación del Estado nacional, existe el poder de las instituciones democráticas y un “contrapoder” que no se puede soslayar, sobre todo cuando se trata de discutir negocios económicamente relevantes. La ‘ndrina es el secreto del éxito de la ‘ndrangheta en el plano criminal, junto con una política, autoimpuesta, que prefiere las bambalinas a las luces del escenario. Y a través de la ‘ndrina, la ‘ndrangheta se infiltra en la política y en las instituciones. O sea, en el Estado: que a menudo ha puesto esta organización bajo su protección, otorgándole todo tipo de impunidad. A partir de 1980, en distintas ciudades y pueblos calabreses empieza a manifestarse una gestión de intereses comunes entre la ‘ndrangheta y la política; y la frontera entre esos órdenes era y es aún hoy muy sutil, a menudo indistinguible. Al comienzo la ‘ndrangheta era una organización ligada a la tierra y a sus productos. La acumulación de dinero de los mafiosos calabreses tenía su origen en el trabajo de la tierra. En un segundo momento, relacionado con el proceso de urbanización de la región, se dio un encuentro entre la política y la ‘ndrangheta y esta empezó a especializarse en la obra pública, la edilicia y la infraestructura. Sin abundar en detalles: el mayor puerto calabrés, el de Gioia Tauro, fue construido y está controlado aún hoy por familias ndranghetistas. Un nudo de intereses, lícitos e ilícitos, se articuló alrededor de estudios de arquitectos e ingenieros y políticos. La ‘ndrangheta empezó a codearse con administradores, hombres de la política y de gobierno en actividad. En síntesis: en apenas dos generaciones la ‘ndrangheta dejó de ser una organización criminal de cuño regional y rural para transformarse en otra, integrada por modernos empresarios con doctorados de universidades muchas veces privadas, capaces de expresarse y hacer negocios en varias lenguas. Contrariamente a las otras mafias italianas, los integrantes de las ‘ndrine no se dedican sólo a poner en marcha actividades ilegales o negocios más o menos “legales”, sino que reproducen formas precisas del hacer-comunidad. Esto es: identidades, valores, aspiraciones. Se trata de una asociación secreta que cruza una red extremadamente densa de parentesco con intereses políticos: en el pasado, con la Democracia Cristiana y con el Partido Socialista Italiano; más cerca en el tiempo, previsiblemente, con la Forza Italia de Berlusconi, y con logias masónicas como la célebre P2. Esta porosidad puso/pone en estado de crisis la democracia de una región del Estado italiano: Calabria.

 

En términos más amplios, la ‘ndrangheta puede ser considerada una “estructura de pensamiento” que pone en diálogo lo local con lo global. Intersecta dos dimensiones antitéticas: lo arcaico, con sus ritos centenarios, y lo ultramoderno. Costumbres ancestrales y economía globalizada. Se trata de una mafia de rituales antiguos, muchas veces salvajes, pero también sujeto dinámico con extraordinarias capacidades empresariales: desde el contrabando de cigarrillos hasta la compraventa de droga y armas. Capaz de ejercitar desde siempre un poder distinto, alternativo al del Estado, un potente control social –violento, expresión siempre de valores anti-humanistas: el desprecio por la vida– sobre su propio territorio y, en paralelo, pronta para aprovechar las oportunidades habilitadas por la globalización. De hecho, a partir de la década de 1990, la ‘ndrangheta empieza a moverse sobre un escenario internacional –con relaciones que van desde la mafia turca hasta los carteles colombianos– como una organización capaz de ocuparse fundamentalmente de dos rubros: armas y droga. Pero hay también otros, por ejemplo las licitaciones y financiamientos públicos italianos y europeos, las inversiones inmobiliarias, operaciones financieras, la gestión de la sanidad pública. La dirección actual de esta ‘ndrangheta transnacional está marcada por su emergencia en el mundo de la legalidad, por la legitimación de sus riquezas –acumuladas en Calabria o en el extranjero–, y porque sus miembros ocupan bancas políticas en aquellos países en los que la ’ndrangheta opera.

 

Los apellidos gozan de una larga permanencia en el friso histórico de la ‘ndrangheta, gracias a una estructura familiar que se ensancha de varios modos. Piromalli de Gioia Tauro, Tripodo de Sambatello, De Stefano de Reggio Calabria, Nitra de San Luca, Macrì de Siderno. ‘Ntoni Macrì, el prestigioso jefe de la ‘ndrangheta de Siderno, comandaba también la zona de Locri, ciudad que dio pie a la formación del Siderno group en Canadá. Los apellidos de estas familias se ampliaron regionalmente, a través de matrimonios. A nivel nacional e internacional, a través de los múltiples fenómenos migratorios de Calabria hacia el mundo, pues ésta fue siempre una región pródiga para con la inmigración. Y uno de los destinos de esa inmigración fue el Río de la Plata. Esos movimientos inmigratorios clásicos hoy reverberan con algunos apellidos en el mundo de la política local actual.  Y los apellidos calabreses mafiosos llevan inscriptas lógicas y maneras de hacer. De hecho, no creo que sea casualidad que el CEOliberalismo macrista designe en áreas especializadas del Estado a funcionarios reclutados entre amigos, familiares, vínculos ultra-cercanos. Ésa es la lógica de ‘ndrina. Estoy insinuando que esas elecciones están vinculadas a una lógica “familiar”. Porque la familia es un bien que hay que cuidar, en Calabria y en la Argentina. Es esa misma lógica la que puede explicar la condonación de la deuda (de 70.000 millones de pesos) del Correo Argentino, administrado por una empresa del grupo Macri, para con el Estado nacional. Y creo que tampoco es del orden de la casualidad que a principio de año, en el puerto de Gioia Tauro (el mayor puerto calabrés), construido y controlado por la ‘ndrangheta, hayan desembarcado 55 kilos de cocaína procedente de la Argentina, por un valor estimado de 11 millones de euros (unos 200 millones de pesos). Y en ese orden, ¿dónde deberíamos ubicar el hecho de que a principio de junio Vincenzo Macrì, un mafioso calabrés y objeto de una alerta roja de la Interpol, fue interceptado en el aeropuerto Guarulhos, en San Pablo (Brasil), acusado de enviar a Italia una remesa de cocaína contrabandeada en un cargamento de limones argentinos?

 

Pues bien, algunas consideraciones, a manera de ventisca, para sostener la idea de que la Argentina desde el 10 de diciembre de 2015 está tensada entre una lógica CEOliberal y una mafiosa. Y que es imprescindible desarticular esas racionalidades con todas los instrumentos a los que podamos apelar porque lo que está en riesgo es la vida del campo popular. Que es la nuestra

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3 Comments

  1. Carlos Augusto Sarraute says:

    Estupendo ensayo sobre un tema que agota el esclarecimiento! – Lo compartí en mi muro de Facebook y me guardé una copia para releer!!

  2. alberto says:

    excelente revisión , con muchos detalles para la pobre latino américa

  3. Daniela Medina says:

    Que justo es que alguien ponga en palabras lo que pensaba. excelente!

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